8. Principios Elementales de Filosofía. Leyes de la dialéctica. Georges Politzer

CAPÍTULO CUARTO

TERCERA LEY:LA CONTRADICCIÓN

Hemos visto que la dialéctica considera las cosas como en perpetuo cambio, evolucionando

continuamente y, en una palabra, experimentando un movimiento dialéctico. (1ª ley).

Este movimiento dialéctico es posible porque toda cosa no es sino el resultado, en el

momento en que la estudiamos, de un encadenamiento de procesos, es decir, un encadenamiento de

fases que surgen unas de otras. Y llevando más allá nuestro estudio, hemos visto que este

encadenamiento de procesos se desarrolla necesariamente, inevitablemente, en el tiempo, en un

movimiento progresivo, “a pesar de los retrocesos momentáneos”.

Hemos llamado a ese desarrollo un “desarrollo histórico” o “en espiral”, y sabemos que ese

desarrollo se engendra a sí mismo, por autodinamismo.

Pero, ahora, ¿cuáles son las leyes del auto dinamismo? ¿Cuáles son las leyes que permiten

que las fases surjan unas de otras? Esto es lo que se llama las “leyes del movimiento dialéctico”.

La dialéctica nos enseña que las cosas no son eternas: tienen un comienzo, una madurez, una

vejez, que termina por un fin, una muerte.

Todas las cosas pasan por esas fases: nacimiento, madurez, vejez, fin. ¿Por qué ocurre esto?

¿Por qué las cosas no son eternas?

Esta es una vieja cuestión que siempre ha apasionado a la humanidad. ¿Por qué hay que

morir? No se comprende esta necesidad, y los hombres, en el curso de la Historia, han soñado con la

vida eterna, en los medios para cambiar este estado de hecho -por ejemplo en la Edad Media-,

inventando bebidas mágicas (elixires de juventud o de vida).

¿Por qué, pues, lo que nace está obligado a morir? Esta es una gran ley de la dialéctica que

debemos confrontar con la metafísica para comprenderla bien.

I. LA VIDA Y LA MUERTE

Desde el punto de vista metafísico, se consideran las cosas en forma aislada, tomándolas en

sí mismas y, al estudiar las cosas así, la metafísica las considera en forma unilateral, es decir, de un

solo lado. Por eso se puede decir que quienes ven las cosas de un solo lado son metafísicos. En

resumen: cuando un metafísico examina el fenómeno que se llama la vida, lo hace sin vincular ese

fenómeno con otro. Ve la vida en sí misma, en forma unilateral. La ve de un solo lado. Si examina

la muerte, hará la misma cosa; aplicará su punto de vista unilateral, y dirá en conclusión: la vida es

la vida; y la muerte es la muerte. Entre las dos, nada en común; no se puede estar a la vez vivo y

muerto, porque son dos cosas opuestas, completamente contrarias una a la otra.

Ver así las cosas es verlas superficialmente. Si se las examina de un poco más de cerca, se

verá en primer lugar que no se puede oponer una a la otra, que ni siquiera se las puede separar tan

brutalmente, puesto que la experiencia, la realidad, nos demuestran que la muerte continúa la vida,

que la muerte proviene de lo vivo.

Y la vida ¿puede surgir de la muerte? Sí. Porque los elementos del cuerpo muerto van a

transformarse para dar nacimiento a otras vidas y servir de abono a la tierra, que será más fértil, por

ejemplo. En muchos casos, la muerte, ayudará a la vida, la muerte permitirá nacer a la vida; y en los

mismos cuerpos vivos, la vida sólo es posible porque continuamente las células que mueren son

reemplazadas por otras que nacen.45

Por lo tanto, la vida y la muerte se transforman continuamente una en otra, y, en todas las

cosas, comprobamos la constancia de esta gran ley: en todas partes, las cosas se transforman en su

contrario.

II. LAS COSAS SE TRANSFORMAN EN SU CONTRARIO

Los metafísicos oponen los contrarios, pero la realidad nos demuestra que los contrarios se

transforman uno en otro; que las cosas no siguen siendo ellas mismas, sino que se transforman en

sus contrarios.

Si examinamos la verdad y el error, pensamos: entre ellos no hay nada en común. La verdad

es la verdad y un error es un error. Este es el punto de vista unilateral, que opone brutalmente los

dos contrarios como opondría la vida y la muerte.

Y sin embargo, si decimos: “Está lloviendo”, ocurre a veces que no hemos terminado de

decirlo cuando ya no llueve más. Esta frase era correcta cuando la comenzamos y se ha

transformado en error. (Los griegos ya habían comprobado esto y decían que, para no engañarse, ¡no

había que decir nada!)

Del mismo modo, volvamos al ejemplo de la manzana. Uno ve en el suelo una manzana

madura y dice: “He aquí una manzana madura.” Sin embargo, está en el suelo desde hace cierto

tiempo y ya comienza a descomponerse, de suerte que la verdad se vuelve error.

Las ciencias también nos dan numerosos ejemplos de leyes consideradas durante muchos

años como “verdades”, y que se revelaron en cierto momento, debido a los progresos científicos,

como “errores”.

Vemos, pues, que la verdad se transforma en error. Pero ¿se transforma el error en verdad?

Al comienzo de la civilización, los hombres, especialmente en Egipto, imaginaban combates

entre los dioses para explicar la salida y la puesta del sol; este eS un error en la medida en que se

dice que los dioses impulsan o llevan el sol para hacerlo mover. Pero la ciencia da parcialmente

razón a este razonamiento, diciendo que en efecto hay fuerzas (puramente físicas, por otra parte)

que hacen moverel sol. Vemos, pues, que el error no está totalmente opuesto a la verdad.

Si por lo tanto las cosas se transforman en su contrario, ¿cómo es ello posible? ¿Cómo se

transforma la vida en la muerte?

Si no hubiera más que la vida, la vida al 100%, no podría ser nunca la muerte, y si la muerte

fuera totalmente ella misma, la muerte al 100%, sería imposible que una se transformara en la otra.

Pero ya hay muerte en la vida y por consiguiente vida en la muerte.

Observando de cerca veremos que un ser vivo está compuesto de células, que estas células

se renuevan, que desaparecen y reaparecen en el mismo lugar. Viven y mueren continuamente en un

ser vivo, en el cual hay, pues, vida y muerte.

Sabemos también que la barba de un muerto continúa creciendo. Lo mismo ocurre con las

uñas y con los cabellos. He aquí fenómenos netamente caracterizados, los que prueban que la vida

continúa en la muerte.

45 “Mientras consideramos las cosas como en reposo y sin vida, cada una para sí, una al lado de la otra y una despuésde la otra, no nos enfrentamos, ciertamente, con ninguna contradicción. Les encontramos determinadas propiedadesque son en parte comunes, en parte diversas y hasta contradictorias entre sí, pero que en este caso no contienen,pues, contradicción en sí mismas. En los limites de este campo de observación, salimos del paso con el modo depensar corriente, el modo metafísico. Pero esto cambia totalmente tan pronto consideramos las cosas en sumovimiento, su cambio, su vida, su acción recíproca de una en otra. Aquí caemos inmediatamente encontradicciones.” (Engels, Anti-Dühring.)

En la Unión Soviética conservan en condiciones especiales sangre de cadáveres que sirve

para hacer transfusiones de sangre; de este modo, con sangre de un muerto se repone un vivo.

Podemos decir, en consecuencia, que en el seno de la muerte hay vida.

Por lo tanto, la vida es igualmente una contradicción “existente en lascosas y en los mismos fenómenos”, una contradicción que constantemente seplantea y se resuelve; y apenas cesa la contradicción, también cesa la vida y seproduce la muerte.46

Por consiguiente, las cosas no sólo se transforman unas en otras, sino que además una cosa

no es sólo ella misma, sino otra cosa que es su contrario, porque cada cosa contiene su contrario.

Cada cosa contiene a la vez ella misma y su contrario.

Si representamos una cosa mediante un círculo, tendremos una fuerza que empujará a esta

cosa hacia la vida, pujando desde el centro hacia el exterior por ejemplo (extensión), pero también

tendremos fuerzas que impulsarán esta cosa en una dirección opuesta, pujando desde el exterior

hacia el centro (compresión).

De este modo, en el interior de cada cosa coexisten fuerzas opuestas, antagonismos.

¿Qué ocurre entre estas fuerzas? Luchan. Por consiguiente, una cosa no es sólo transformada

por una fuerza actuante en un sentido único, sino que toda cosa es realmente transformada por dos

fuerzas de direcciones opuestas. Hacia la afirmación y hacia la negación de las cosas, hacia la vida y

hacia la muerte.

¿Qué quiere decir: afirmación y negación de las cosas?

En la vida hay fuerzas que mantienen la vida, que tienden hacia la afirmación de la vida.

Además, también hay en los organismos vivos fuerzas que tienden hacia la negación. En todas las

cosas, hay fuerzas que tienden hacia la afirmación y otras que tienden hacia la negación, y, entre la

afirmación y la negación, hay contradicción.

Así pqes, la dialéctica comprueba el cambio, pero ¿por qué cambian las cosas? Porque las

cosas no están de acuerdo consigo mismas, porque hay lucha entre las fuerzas, entre los

antagonismos internos, porque hay contradicción. He aquí la tercera ley de la dialéctica: Las cosas

cambian porque contienen en sí mismas la contradicción.

(Si a veces nos vemos obligados a emplear nombres más o menos complicados -como

dialéctica, autodinamismo, etc.- o términos que parecen contrarios a la lógica tradicional y difíciles

de comprender, no es porque nos guste complicar las cosas imitando en ello a la burguesía. No. Pero

este estudio, aunque elemental, pretende ser lo más completo posible y permitir que luego puedan

leerse más fácilmente las obras filosóficas de Marx-Engels y de Lenin, que emplean esos términos.

En todo caso, y puesto que debemos emplear un lenguaje que no es usual, nos aplicamos a hacerla

comprensible para todos en el marco de este estudio.)

III. AFIRMACIÓN, NEGACIÓN Y NEGACIÓN DE LA NEGACIÓN

Aquí debemos hacer una distinción entre lo que se llama la contradicción verbal -que

significa que cuando a uno le dicen “sí”, responde “no”-; y la contradicción que acabamos de ver y

que se llama la contradicción dialéctica, es decir, contradicción en los hechos, en las cosas.

Cuando hablamos de la contradicción que existe en el seno de la sociedad capitalista, esto

no quiere significar que unos digan sí y otros no en lo que respecta a ciertas teorías; significa que

hay una contradicción en los hechos, que hay fuerzas reales que se combaten: primero una fuerza

que tiende a afirmarse, la clase burguesa que tiende a mantenerse; luego una segunda clase social

46 Engels, Anti-Dühring.

que tiende a la negación de la clase burguesa, el proletariado. Por lo tanto, la contradicción está en

los hechos, porque la burguesía no puede existir sin crear su contrario, el proletariado. Como dice

Marx

ante todo, la burguesía produce a sus propios sepultureros.47

Para impedido, sería necesario que la burguesía renunciara a ser ella misma, lo que sería

abusrdo. Por consiguiente, afirmándose crea su propia negación.

Tomemos el ejemplo de un huevo que una gallina pone e incuba: comprobamos que en el

huevo se encuentra el germen que, a cierta temperatura y en ciertas condiciones, se desarrolla. Al

desarrollarse, este germen dará un pollito: así, ese germen ya es la negación del huevo. Vemos

entonces que en el huevo hay dos fuerzas: la que tiende a que continúe siendo huevo y la que tiende

a que se convierta en pollito. El huevo está, pues, en desacuerdo consigo mismo y todas las cosas

están en desacuerdo con sí mismas.

Esto puede parecer difícil de comprender, porque estamos habituados al modo de

razonamiento metafísico, y por eso debemos hacer un esfuerzó para habituarnos nuevamente a ver

las cosas en su realidad.

Una cosa comienza por ser una afirmación que surge de la negación. El pollito es una

afirmación surgida de la negación del huevo. Esta es una fase del proceso. Pero la gallina será, a su

vez la transformación del pollito y, en el seno de esta transformación, habrá una contradicción entre

las fuerzas que luchan para que el pollito se convierta en gallina y las fuerzas que luchan para que el

pollito siga siendo pollito. Por lo tanto, la gallina será la negación del pollito, que a su vez procedía

de la negación del huevo.

La gallina será, pues, la negación de la negación. Y ésta es la marcha general de las fases de

la dialéctica.

1. Afirmación: también se dice Tesis.

2. Negación, o Antítesis.

3. Negación de la negación, o Síntesis.

Estas tres palabras resumen el desarrollo dialéctico. Se las emplea para representar el

encadenamiento de las fases, para indicar que cada fase es la destrucción de la fase precedente.

La destrucción es una negación. El pollito es la negación del huevo, puesto que al nacer

destruye el huevo. Del mismo modo, la espiga de trigo es la negación del grano de trigo. El grano

sembrado en la tierra germinará; esta germinación es la negación del grano de trigo, que dará la

planta, y esta planta florecerá a su vez y dará una espiga; ésta será la negación de la planta o la

negación de la negación.

Por consiguiente, vemos que la negación de la que habla la dialéctica es una manera

resumida de hablar de la destrucción. Hay negación de lo que desaparece, de lo que es destruído.

1. El feudalismo ha sido la negación de la época esclavista.

2. El capitalismo es la negaci6n del feudalismo.

3. El socialismo será la negación del capitalismo.

Del mismo modo que para la contradicción, en que hemos establecido una distinción entre

contradicción verbal y contradicción lógica, debemos comprender bien lo que es la negación verbal,

que dice “no”, y la negación dialéctica, que quiere decir “destrucción”.

Pero si la negación quiere decir destrucción, no se trata de cualquier destrucción, sino de una

destrucción dialéctica. Así, cuando aplastamos una pulga no muere por destrucción interna, por

negación dialéctica. Su destrucción no es el resultado de fases autodinámicas; es el resultado de un

47 Marx y Engels, Manifiesto Comunista.

cambio puramente mecánico.

La destrucción es una negación sólo si es un producto de la afirmación, si proviene de ella.

Así, como el huevo incubado era la afirmación de lo que es el huevo, engendra su negación: se

convierte en pollito, y éste simboliza la destrucción, o negación del huevo, al abrirse paso y destruír

la cáscara.

En el pollito vemos dos fuerzas adversas: “pollito” y “gallina”; en el curso de este desarrollo

del proceso, la gallina pondrá huevos, de donde nueva negación de la negación. De esos huevos

arrancará entonces un nuevo encadenamiento de procesos.

Con respecto al trigo, vemos también una afirmación, luego una negación y una negación de

la negación.

Daremos como otro ejemplo el de la filosofía materialista.

Al principio, encontramos un materialismo primitivo, espontáneo, que por ser ignorante,

crea su propia negación: el idealismo. Pero el idealismo que niega el antiguo materialismo será

negado por el materialismo moderno o dialéctico, porque la filosofía se desarrolla y provoca, con las

ciencias, la destrucción del idealismo. Por lo tanto, también aquí tenemos afirmación, negación y

negación de la negación.

Comprobamos también este ciclo en la evolución de la sociedad.

Tenemos al comienzo de la historia la existencia de una sociedad de comunismo primitivo,

sociedad sin clases, basada en la propiedad común de la tierra. Pero esta forma de sociedad se

convierte en una traba para el desarrollo de la producción y, por ese mismo motivo, crea su propia

negación: la sociedad con clases, basada en la propiedad privada y en la explotación del hombre por

el hombre. Pero también esta sociedad lleva en sí su propia negación, porque un desarrollo superior

de los medios de producción acarrea la necesidad de negar la división de la sociedad en clases, de

negar la propiedad privada, y volvemos así al punto de partida: la necesidad de la sociedad

comunista, pero en otro plano; al principio, teníamos una falta de productos; ahora, tenemos una

capacidad de producción muy elevada.

Destaquemos a este respecto que, en todos los ejemplos que hemos dado, volvemos al punto

de partida, pero en otro plano (desarrollo en espiral), un plano más elevado.

Vemos, pues, que la contradicción es una gran ley de la dialéctica. Que la evolución es una

lucha de fuerzas antagónicas. Que no sólo las cosas se transforman unas en otras, sino también que

toda cosa se transforma en su contrario. Que las cosas no están de acuerdo consigo mismas porque

hay en ellas lucha entre fuerzas opuestas, porque hay en ellas una contradicción interna.

Observación. Debemos prestar mucha atención a lo siguiente: la afirmación, la negación, la

negación de la negación, no son sino expresiones resumidas de los momentos de la evolución

dialéctica, y no se trata de andar buscando por doquiera estas tres fases. Porque no siempre las

encontraremos todas, sino que a veces sólo será la primera o la segunda, por no haber terminado aún

la evolución. Por lo tanto no hay que querer ver mecánicamente en todas las cosas esos cambios en

la misma forma. Recordemos sobre todo que la contradicción es la gran ley de la dialéctica. Esto es

lo esegcial.

IV. PUNTUALICEMOS

Ya sabemos que la dialéctica es un método de pensar, de razonar, de analizar, que permite

hacer buenas observaciones y estudiar bien, porque nos obliga a buscar la fuente de todas las cosas y

a describir su historia.

Es cierto que, como ya hemos visto, el antiguo método de pensar estaba justificado en su

época. Pero estudiar con el método dialéctico significa comprobar -repitámoslo- que todas las cosas,

aparentemente inmóviles, no son más que un encadenamiento de procesos en que todo tiene un

comienzo y un fin, en que en todas las cosas

finalmente y a pesar de todas las cualidades aparentes y todos losretrocesos momentáneos, termina manifestándose un desarrollo progresivo.(Engels.)

Sólo la dialéctica nos permite comprender el desarrollo, la evolución de las cosas; sólo ella

nos permite comprender la destrucción de las cosas viejas y el nacimiento de las nuevas. Sólo la

dialéctica nos hace comprender todos los desarrollos en sus transfofmaclónes, conociéndolos como

formados todos por contrarios. Porque para la concepción dialéctica, el desarrqllo natural de las

cosas, la evolución, es una lucha continua de fuerzas y de principios opuestos.

Por lo tanto, si para la dialéctica la primera ley es la comprobación del movimiento y del

cambio: “Nada sigue siendo lo que es, nada sigue estando donde está” (Engels), sabemos ahora que

la explicación de esta ley reside en que las cosas cambian no sólo transformándose unas en otras

sino transformándose en sus contrarios. La contradicción es, pues, una gran ley de la dialéctica.

Hemos estudiado lo que es desde el punto de vista dialéctico la contradicción, pero aún

debemos insistir para aportar ciertas precisiones y también para señalar ciertos errores que no deben

cometerse.

Es muy cierto que en primer lugar debemos familiarizarnos con esta afirmación, que está de

acuerdo con la realidad: la transformación de las cosas en sus contrarios. No hay duda que choca al

entendimiento y nos sorprende, porque estamos habituados a pensar con el viejo método metafísico.

Pero ya hemos visto por qué es así: hemos visto en forma detallada, por medio de ejemplos, que

esto es en la realidad y por qué las cosas se transforman en sus contrarios.

Por eso se puede decir y afirmar que si las cosas se transforman, cambian, evolucionan, es

porque están en contradicción consigo mismas, porque llevan en sí su contrario, porque contienen

en sí la unidad de los contrarios.

V. LA UNIDAD DE LOS CONTRARIOS

Cada cosa es una unidad de contrarios.

Afirmar semejante cosa parece al principio un absurdo. “Una cosa y su contrario no tienen

nada en común” -tal es lo que se piensa generalmente. Pero para la dialéctica toda cosa es, al mismo

tiempo, ella misma y su contrario, toda cosa es una unidad de contrarios, y esto debemos explicarlo

bien.

Si tomamos el ejemplo de la ignorancia y de la ciencia, es decir, del saber, establecemos que

desde el punto de vista metafísico éstas son dos cosas totalmente opuestas y contrarias una a la otra.

El que es ignorante no es un sabio y el que es un sabio no es un ignorante.

Sin embargo, observando los hechos, vemos que no dan lugar a una posición tan rígida.

Sabemos que al principio reinó la ignorancia; luego llegó la ciencia; y aquí verificamos que una

cosa se transforma en su contrario: la ignorancia se transforma en ciencia.

No hay ignorancia sin ciencia, no hay ignorancia 100%. Por ignorante que sea, un individuo

sabe reconocer al menos los objetos, su alimento; jamás hay ignorancia absoluta; siempre hay una

parte de ciencia en la ignorancia. La ciencia ya está en germen en la ignorancia; por lo tanto, es

correcto afirmar que lo contrario de una cosa ya está en la cosa misma.

Veamos ahora la ciencia. ¿Puede haber ciencia 100%? No. Siempre se ignora algo. Lenin

dice: “El objeto del conocimiento es inagotable”, lo que quiere decir que siempre hay algo que

aprender. No hay ciencia absoluta. Todo saber, toda ciencia, contienen una parte de ignorancia.48

Lo que existe en la realidad es una ignorancia y una ciencia relativas, una mezcla de ciencia

y de ignorancia.

Por lo tanto, lo que comprobamos en este ejemplo no es la transformación de las cosas en

sus contrarios, sino la existencia en la misma cosa de los contrarios, o la unidad de los contrarios.

Podríamos referirnos nuevamente a los ejemplos que ya hemos visto: la vida y la muerte, la

verdad y el error, y comprobaríamos que, en uno y otro caso, como en todas las cosas, existe una

unidad de los contrarios, es decir, que cada cosa contiene a la vez la cosa misma y su contrario.

Por eso dirá Engels:

Si en la investigación uno adopta constantemente este punto de vista,deja de una vez por todas de pedir soluciones definitivas y verdades eternas;siempre tiene conciencia del carácter necesariamente limitado de todoconocimiento adquirido, de su dependencia con respecto a las condiciones en lascuales ha sido adquirido; tampoco se deja uno impresionar por las antinomias,irreductibles para la vieja metafísica siempre en uso, de lo verdadero y de lofalso, del bien y del mal, de lo idéntico y de lo diferente, de lo fatal y de lofortuito; sabe que esas antinomias sólo tienen un valor relativo, que lo que hoyse reconoce como verdadero tiene oculto su lado falso, el que aparecerádespués, del mismo modo que lo reconocido actualmente como falso tiene sulado verdadero, gracias al cual ha podido ser considerado precedentementecomo verdadero.49

Este texto de Engels nos muestra bien cómo hay que comprender la dialéctica y el verdadero

sentido de la unidad de los contrarios.

VI. ERRORES QUE DEBEN EVITARSE

Hay que explicar bien esta gran ley de la dialéctica que es la contradicci6n para no crear

malentendidos.

Ante todo, no hay que comprenderla de manera mecánica. No hay que pensar que en todo

conocimiento hay la verdad más el error, o lo verdadero más lo falso.

Si se aplicara así esta ley, se daría la razón a quienes dicen que en todas las opiniones hay

una parte falsa y que: “quitemos lo que es falso, quedará lo que es verdadero, lo que es bueno”. Se

dice esto en ciertos círculos pretendidamehte marxistas, donde se piensa que el marxismo tiene

razón al mostrar que en el capitalismo hay usinas, “trusts”, bancos, que controlan la vida económica,

que tiene razón al decir que esta vida económica marcha mal; pero lo que es falso en el marxismo

-se agrega- es la lucha de clases: dejemos de lado la teoría de la lucha de clases, y tendremos una

buena doctrina. También se dice que el marxismo aplicado al estudio de la sociedad es correcto, es

verdadero, “pero ¿por qué mezclar allí la dialéctica? Ese es el lado falso, ¡quitemos la dialéctica y

conservemos como verdadero el resto del marxismo!”.

Estas son interpretaciones mecánicas de la unidad de los contrarios.

He aquí un ejemplo más. Después de haber leído esta teoría de los contrarios, Proudhon

pensaba que en cada cosa hay un lado bueno y un lado malo. Así, pues, comprobando que en la

sociedad hay burguesía y proletariado, decía: ¡quitemos lo que es malo, el proletariado! Y de ese

modo estableció su sistema de créditos que debían crear la propiedad parcelaria, es decir, permitir a

los proletarios convertirse en propietarios; de esta manera no habría sino burgueses y la sociedad

48 “La historia de las ciencias es la historia de la eliminación progresiva del error, es decir, de su reemplazo por unerror nuevo, pero cada vez menos absurdo.” (Engels.)49 Engels, L. Feuerbach.

sería buena.

Bien sabemos, sin embargo, que no hay proletariado sin burguesía y que la burguesía no

existe sino por la existencia del proletariado, se trata de dos contrarios que son inseparables. Esta

unidad de los contrarios es interna, verdadera: es una unión inseparable. Para suprimir los contrarios

no basta, pues, separar a uno del otro. En una sociedad basada en la explotación del hombre por el

hombre, existen obligatoriamente dos clases antagónicas: amos y esclavos en la antigüedad, señores

y siervos en la Edad Media, burguesía y proletariado ahora.

Para suprimir la sociedad capitalista, para hacer la sociedad sin clases, hay que suprimir la

burguesía y el proletariado -a fin de permitir a los hombres liberados crear una sociedad más

evolucionada material e intelectualmente para marchar hacia el comunismo en su forma superior y

no para crear, como pretenden nuestros adversarios, un comunismo “igualitario en la miseria”.

Por lo tanto debemos prestar mucha atención cuando explicamos o cuando aplicamos a un

ejemplo o a un estudio la unidad de los contrarios. Debemos evitar el querer encontrar en todas

partes y siempre y aplicar mecánicamente por ejemplo, la negación de la negación, el querer

encontrar en todas partes y siempre la unidad de los contrarios, porque nuestros conocimientos son

en general muy limitados, y esto puede llevarnos a un atolladero.

Lo que importa es este principio: la dialéctica y sus leyes nos obligan a estudiar las cosas

para descubrir en ellas la evolución y las fuerzas, los contrarios que determinan esta evolución.

Debemos, pues, estudiar la unidad de los contrarios contenida en las cosas, y esta unidad de los

contrarios equivale a decir que una afirmación no es nunca una afirmación absoluta, puesto que

contiene en sí misma una parte de negación. Yeso es lo esencial: las cosas se transforman porque

contienen su propia negación. La negación es el “disolvente”; si no existiera, las cosas no

cambiarían. Como, de hecho, las cosas se transforman, es preciso que contengan un principio

disolvente. Podemos afirmar por anticipado que existe, puesto que vemos las cosas evolucionar,

pero no podemos descubrir ese principio sin un estudio minucioso de la cosa misma, porque este

principio no tiene el mismo aspecto en todas las cosas.

VII. CONSECUENCIAS PRÁCTICAS DE LA DIALÉCTICA

Prácticamente, pues, la dialéctica nos obliga a considerar siempre no un lado de las cosas,

sino sus dos lados: no considerar nunca la verdad sin el error, la ciencia sin la ignorancia. El gran

error de la metafísica, consiste justamente en no considerar más que un lado de las cosas, en juzgar

en forma unilateral y, si cometemos muchos errores, es siempre en la medida en que no vemos sino

un lado de las cosas, es porque a menudo tenemos razonamientos unilaterales.

Si la filosofía idealista afirma que el mundo no existe más que en las ideas de los hombres,

hay que reconocer que, en efécto, hay cosas que sólo existen en nuestro pensamiento. Esto es cierto.

Pero el idealismo es unilateral, sólo ve este aspecto. No ve más que el hombre que inventa cosas que

no están en la realidad, y saca la conclusión de que nada existe fuera de nuestras ideas. El idealismo

tiene razón de subrayar esta facultad del hombre, pero al no aplicar el criterio de la práctica, no ve

más que eso.

El materialismo metafísico se engaña también porque no ve más que un lado de los

problemas. Ve al universo como una mecánica. ¿Existe la mecánica? ¡Sí! ¿ Desempeña un gran

papel? ¡Sí! Por lo tanto el materialismo tiene razón al decir eso; pero es un error ver sólo el

movimiento mecánico.

Nos inclinamos naturalmente a no ver más que un sólo lado de las cosas y de la gente. Si

juzgamos a un camarada, casi siempre sólo vemos su lado bueno o su lado malo. Hay que ver uno y

otro, sin lo cual no sería posible tener “cuadros” en las organizaciones. En la práctica política, el

método del juicio unilateral conduce al sectarismo. Si encontramos un adversario perteneciente a

una organización reaccionaria, lo juzgamos según sus jefes. Y sin embargo, tal vez se trata

simplemente de un empleadito agriado, descontento, y no debemos juzgarlo como a un gran patrón

fascista. Del mismo modo se puede aplicar este razonamiento a los patrones, y comprender que si

nos parecen malos, a menudo es porque ellos mismos están dominados por la estructura de la

sociedad, y que, en otras condiciones sociales, quizás serían diferentes.

Si pensamos en la unidad de los contrarios, consideraremos las cosas en sus múltiples

aspectos. Veremos, pues, que este reaccionario es reaccionario por un lado, pero que del otro es un

trabajador y que en él hay una contradicción. Se investigará y se descubrirá por qué ha adherido a

ésta organización, y al mismo tiempo se investigará por qué no hubiera debido adherir a ella. Y

entonces juzgaremos y discutiremos así en forma menos sectaria.

Debemos, pues, conforme a la dialéctica, considerar las cosas desde todos los ángulos que se

pueden distinguir.

Para resumir, y como conclusión teórica, diremos: Las cosas cambian porque encierran una

contradicción interna (ellas mismas y sus contrarios). Los contrarios están en conflicto, y los

cambios surgen de ese conflicto; por lo tanto el cambio es la solución del conflicto.

El capitalismo contiene esta contradicción interna, ese conflicto entre el proletariado y la

burguesía; el cambio se explica por este conflicto y la transformación de la sociedad capitalista en

sociedad socialista es la supresión del conflicto.

Hay cambio, movimiento, allí donde hay contradicción. La contradicción es la negación de

la afirmación, y cuando se obtiene el tercer término, la negación de la negación, aparece la solución,

porque en este momento la razón de la contradicción queda eliminada, superada.

Por consiguiente, se puede decir que si las ciencias: la química, la física, la biología, etc.,

estudian las leyes del cambio que les son particulares, la dialéctica estudia las leyes del cambio que

son las más generales. Engels dice:

La dialéctica no es sino la ciencia de las leyes generales del movimiento ydel desarrollo de la naturaleza, de la sociedad humana y del pensamiento.50

LECTURAS

Engels, Anti-Dühring, capítulo XIII, “Dialéctica. Negación de la negación”.

Lenin, Carlos Marx y su doctrina, “La dialéctica”.

50 Anti-Dühring.

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