Represores en el Penal de Marcos Paz

REPRESORES Y FAMOSOS EN Marcos paz

Gran Hermano VIP tras las rejas de un penal

En el Complejo Penitenciario Nº 2 de Marcos Paz conviven los represores más emblemáticos de la última dictadura militar con secuestradores famosos, barrabravas reconocidos y personajes de la farándula. Patti, Von Wernich, Etchecolatz, Chabán, Schlenkler, el “Negro Sombra” y el “violador de Núñez” son algunas de las figuras que habitan esta cárcel de alta seguridad. Hay un sector destinado exclusivamente a detenidos acusados de violaciones a los derechos humanos. Se lo conoce como el pabellón “de lesa humanidad”. Allí el régimen carcelario es menos estricto que en el resto del penal.

Por Gabriela Manuli

 El complejo está aislado de todo y tiene medidas de seguridad especiales.

La comida ya está servida, a la espera. Sobre una mesa de plástico blanca se acomodan los platos y vasos de colores llenos de jugo. Antes de empezar a almorzar los dos hombres cumplen un ritual repetido. Uno bendice los alimentos y el otro escucha, en silencio. Christian Von Wernich, ex capellán de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, y Miguel Etchecolatz, ex comisario general de la Bonaerense, ya son viejos amigos. Antes cumplían juntos la misma ceremonia en los centros clandestinos de detención en plena época negra de la dictadura militar.

Ahora, 30 años después, las oraciones resuenan en el Pabellón V del Módulo IV del Complejo Penitenciario Federal Nº 2 de Marcos Paz. Los otros presos, los comunes, lo llaman el pabellón “de lesa”. Es que allí sólo hay procesados y condenados por delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura. Y también allí fue donde trasladaron al ex comisario Luis Patti (que pasó su cumpleaños entre rejas).

Hay en total 28 represores alojados, entre ellos ex miembros del Servicio Penitenciario Federal, la Policía o el Ejército, y un civil. El ex médico de la Policía bonaerense Jorge Bergés está en el Hospital Penitenciario y Julio Simón (alias “Turco Julián”) y Héctor Acuña están en un pabellón a resguardo.

Este año, por primera vez, los presos sin condena firme pudieron votar para elegir Presidente. Sin embargo, fuentes del Ministerio de Justicia confirman que del pabellón en cuestión sólo Raúl Rebaynera, ex guardia de la Unidad 9 de La Plata, pudo ejercer ese derecho por reunir todos los requisitos para sufragar.

Pero los detenidos por violaciones a los derechos humanos no son los únicos presos conocidos del Penal. Marcos Paz, como una especie de Gran Hermano carcelario, reúne bajo el mismo techo a ex novios de divas del espectáculo, a los barrabravas de River, a Omar Chabán y al “Negro Sombra” (ver recuadro).

 Por dentro. Alvaro Piérola es abogado querellante de H.I.J.O.S. distrito Capital, y junto a una comitiva de la Comisión de Derechos Humanos y Garantías de la Cámara de Diputados de la Nación ingresó al pabellón hace poco más de un mes. Todavía no puede quitarse de la cabeza la escena de la bendición y tampoco el mensaje que colgaba sobre los dos teléfonos públicos: “Me llamó mucho la atención un cartel impreso en computadora que decía que la guerra contra la subversión se ganaba en dos momentos. El primero, que ya se había ganado, servía para eliminar la fuerza del enemigo. El segundo iba a servir para eliminar su odio”.

Hoy, en este sector sobra lugar: hay 28 internos, pero la capacidad es para 48. Las celdas son todas individuales; en un espacio de 2,5 por 3 metros, detrás de una puerta de metal, se agrupan una cama de hierro, una mesa, un taburete, un armario, un inodoro y un lavatorio. De las 8 a las 22 hs las celdas están abiertas y los presos pueden estar en el Salón de Usos Múltiples. Allí hay cuatro baños con duchas (sin cortinas), mesas y sillas. También ocupa un lugar central un televisor de 20 pulgadas que está casi siempre encendido y que les permitió seguir minuto a minuto el juicio contra Von Wernich.

Unidos en el espanto. Marcos Paz, en muchos casos, sirvió para reagrupar a viejos conocidos y hasta rearmar antiguas jerarquías. Divisiones y rangos que suelen respetarse aún dentro del pabellón. Así, hay casi una decena de represores que trabajaron en la Unidad 9 de La Plata, una de las cárceles que recibieron y donde se torturó a más presos políticos. También volvió a armarse parte del grupo de tareas del circuito Club Atlético, El Banco, El Olimpo… y la lista sigue.

El ex cabo de la Policía bonaerense Norberto Cozzani, que fue asistente de Etchecolatz, aprovechó el tiempo para escribir un libro. También, antes de que Von Wernich fuera condenado, escribió cartas en defensa del sacerdote que circularon por la web. “Como amigo, padre Christian, estoy y estaré junto a usted”, prometía.

Por un lado, los represores están aislados porque compartir espacios con los presos comunes los pone en riesgo físico. Este es un criterio que aplica el Ministerio de Justicia como parte de una política de distribución de detenidos de acuerdo con el tipo de delitos que cometieron.

El secretario del Tribunal Oral N° 1 de La Plata, Inti Pérez Aznar, quien trabajó en varias causas vinculadas con ex represores, entiende que se está produciendo un cambio de paradigma, porque los condenados cumplen una condena acorde con la gravedad del delito por el que están detenidos. “En el caso de Von Wernich se estableció que debe cumplir su condena alojado en un establecimiento carcelario de máxima seguridad, acorde a la peligrosidad de los delitos por los que quedo sentenciado. Lo contrario significaría perpetuar la impunidad”, afirma.

Pero también hay quienes cuestionan esta decisión por considerar que puede transformarse en un ámbito propicio para conspiraciones. Estas sospechas se acrecentaron luego de la desaparición de Jorge Julio López, uno de los testigos claves en el juicio a Etchecolatz. El caso López abrió otro capítulo intramuros. Nilda Eloy, ex detenida-desaparecida y testigo en el mismo juicio, fue una de las primeras en sembrar la duda.“Hay que buscar en Marcos Paz”, exigía a quien pudiera oírla.

Se sospecha que la información de los dos allanamientos ordenados en el penal por el juez federal Arnaldo Corazza llegó a oídos de los detenidos con anticipación. Allí se detectaron una serie de irregularidades.“Dejaron que cualquiera entre de visita, en cualquier horario, sin control ni requisa, y sin chequeo efectivo de los documentos. El libro de visitas era un registro manual, con evidentes errores de documentos y nombres”, describe Guadalupe Godoy, abogada de Justicia Ya. Además, señala, muchos detenidos utilizaban el teléfono destinado al personal y no el que está en el pabellón habilitado para todos los presidiarios.

Diferencias. En una de las requisas judiciales se secuestró una carta de un represor que aseguraba: “Nos tratan con respeto, nos llaman el grupo de los famosos” .

Y no era la primera vez que la palabra privilegios se daba a entender. Por un lado, las reglas y condiciones de detención son las mismas para todos. Pero el trato no siempre es ecuánime. “Los penitenciarios siempre se han sentido un poco militares y en algunos de ellos me parece que hay una idea de que estos presos no son verdaderos delincuentes”, explica Francisco Mugnolo, procurador penitenciario de la Nación.

 Fernando Esteche, líder del Grupo Quebracho, pasó más de un mes en Marcos Paz, pero en otro pabellón. Uno de los días de visita se cruzó con Etchecolatz. “Una compañera de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre que vino a visitarme lo increpó. El chofer que estaba con él le tiró un manotazo a esta chica y ahí se armó la gresca”, recuerda. “Nos inició una causa penal por agresión y lesiones”, agrega.

Adolfo Casabal Elía, abogado de Etchecolatz, asegura que su cliente “es un hombre pacífico”. “Es muy religioso, se autoabastece con sus creencias católicas. En la cárcel lee religión y reza mucho”, agrega.

En el encierro también fue testigo de la bronca de otros presos. Radiopasillo (o Radio Bemba, como dicen en la jerga carcelaria), los internos se quejan de que los “de lesa” tienen la celda abierta toda la noche y que no les sacan el aparato de teléfono en los horarios restringidos para llamadas (como sí hacen con ellos).

Fue hace poco cuando se difundió un video en YouTube filmado por Von Wernich. Allí, el confesor y asesor espiritual de los grupos de tareas de La Plata definía Marcos Paz como su monasterio-cárcel. En ese monasterio no va nunca a misa, pero está acompañado por otras 27 personas que comparten sus ideas y creencias de la dictadura. Y que siguen actuando ligadas a viejas prácticas.

El día de la visita de la Comisión de Diputados esas prácticas se volvieron a ver. Etchecolatz, nervioso ante la mirada ajena, interrogó a los oficiales del Servicio Penitenciario. “¿Quiénes son? ¿De dónde vienen?”, preguntaba mientras señalaba con el dedo a la comitiva. Poco a poco, uno a uno, los represores comenzaron a agruparse. Así, todos juntos, esperaron a que los extraños se fueran sin quitarles la mirada ni un segundo. Como si el tiempo volviera hacia atrás. http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0213/articulo.php?art=4370&ed=0213

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