Cuento “Oso Hormiguero” de Gustavo Piérola (posterior a “Asado”)

 Y así dejamos atrás las luces de Las palmas. Eran dos.

El cielo chaqueño, cuando esta limpio, es una inmensa exposición de estrellas difícil de ver y disfrutar en otras partes, lo que fue tema de charla del corto viaje con mi hermana. Pasados de alcohol y con semejante noche casi nos enamoramos pero ya nos habíamos prometido no bailar entre hermanos.

Llegando a Resistencia, cuando empezaban los primeros barrios de la periferia  ocurre lo que es uno de los motivos de este cuento. En una esquina, calle de tierra, justo debajo de uno de esos faroles reciclados del centro, colgado de dos postes, en el medio de un cacerío tipo Fonavi iba lo más pancho y sin problemas un Oso Hormiguero.

Fue todo muy fugaz. “Mirá Mary lo que va allá, un Oso Hormiguero”.

Esta claro, varias Quilmes te quitan un poco de movilidad y los reflejos de la doña estaban ausentes, así que por supuesto, no vio nada.

Medio de reojo y sin mucho entusiasmo, “ Ajá sí, lo vi, iba abrazado a un elefante, aflojale a la tapita hermanito”. “Pero en serio”.

Unas cuadras adelante, se veían unos perros seguramente detrás de una perra alzada. Mi compañera retrucó, “mirá, ahí tenés un montón”. Andá cagaá.

Llegamos a Resistencia, a la casa de Pitu Lestani, antiguo bunker de doña Amanda. Nos acostamos, pero mi cabeza seguía dando vueltas con el tema. Estaba seguro de lo que había visto. Acostado,  trataba de armar la historia. Claro, pobres, con tanto hijo de puta desmontando sin importarles nada, el bicherío emigra para donde puede, Guazunchos, Virachos, Tatús, Pumas, Zorros, etc y este era un Oso perdido. Ni hablar de Tobas, Guaraníes,………etc. que tenían en el monte su lugar para vivir y sobrevivir. Hoy los vemos  perdidos, desterrados, añorando sus montes, en las Villas de Santa Fe, Rosario y Buenos Aires.

La cuestión que me dormí  con la cabeza dando vueltas entre una pequeña borrachera y mi amigo el Oso.

Nuevamente en acción, entre Juzgados y Fiscalías me encomendé a la tarea de hacer algunas consultas sobre el bendito animal, seguramente en la búsqueda de algún sostén y apoyo a mi visión.

Pero fue complicado, hubo algunos “amigos” que aprovecharon la cuestión para algunas venganzas personales.

-“A qué hora fue?”

-” Como a las cuatro”.

-”A no, ese es un paraguayo que es sereno en una fábrica de la zona. Petiso y narigón el vago.”

-“ Puede ser, mirá que por ahí los contratan para hacer jardinería. Andan muy bien.”

-“No será Alf, que andaba cazando gatos.”

-“Si es verdad”. Por fin pensé yo. “Se lo ve muy seguido en el Rincón de los Arrieros, es el reemplazo popular del perro  Fernando.”

En definitiva, los eché a todos a la mierda. Renuncié y no hablé más del tema.

Yo estoy seguro de lo que vi, conozco mucho de bicherío,  muy parecido al Carpincho nuestro, pero con otro plumaje. 

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