3. Principios Elementales de Filosofía. Agnosticismo. Georges Politzer

CAPITULO QUINTO

¿HAY UNA TERCERA FILOSOFÍA? EL AGNOSTICISMO

I. ¿POR QUÉ UNA TERCERA FILOSOFÍA?

Después de estos primeros capítulos puede parecernos que al fin de cuentas debe ser

bastante fácil ubicarnos en medio de todos los razonamientos filosóficos, puesto que únicamente

dos grandes corrientes se reparten todas las teorías: el idealismo y el materialismo. Y que, además,

los argumentos que militan en favor del materialismo convencen en forma definitiva.

Parece ser, pues, que después de algún examen hemos encontrado el camino que lleva hacia

la filosofía de la razón: el materialismo.

Pero las cosas no son tan simples. Tal como ya lo hemos señalado, los idealistas modernos

no tienen la franqueza del obispo Berkeley. Presentan sus ideas

con mucho más artificio, bajo una forma oscurecida por el empleo de unaterminología “nueva” destinada a conseguir que la gente ingenua las tome por lafilosofía “más moderna”.13

Ya hemos visto que a la cuestión fundamental de la filosofía se pueden dar dos respuestas,

que son totalmente opuestas, contradictorias e inconciliables. Estas dos respuestas son muy claras y

no permiten ninguna confusión.

Y efectivamente, hasta más o menos 1710 el problema era planteado así: de un lado, los que

afirmaban la existencia de la materia fuera de nuestro pensamiento -eran los materialistas-; del otro,

aquellos que, con Berkeley, negaban la existencia de la materia y pretendían que ésta sólo existía en

nosotros, en nuestro espíritu -eran los idealistas.

Pero en esta época, y con el progreso de la ciencia, intervinieron entonces otros filósofos que

trataron de superar a los idealistas y los materialistas creando una corriente filosófica que sembrara

la confusión entre estas dos teorías, y esta confusión tiene su fuente en la búsqueda de una tercera

filosofía.

II. RAZONAMIENTO DE ESTA TERCERA FILOSOFÍA

La base de esta filosofía, que fue elaborada después de Berkeley, es que resulta inútil tratar

de conocer la naturaleza real de las cosas y que nunca podremos conocer más que las apariencias.

Por eso es que esta filosofía se llama el agnosticismo (del griego a, negación, y gnosticos,

capaz de conocer; es decir, “incapaz de conocer”).

Según los agnósticos, no se puede saber si el mundo es, en el fondo, espíritu o naturaleza.

Nos es posible conocer la apariencia de las cosas, pero no podemos conocer la realidad.

Por ese motivo, considerando que los idealistas y los materialistas, discuten para saber si las

cosas son materia o espíritu, si estas cosas existen o no fuera de nuestro pensamiento, si nos es

posible conocerlas o no, los agnósticos dicen que bien se puede conocer la apariencia, pero nunca la

realidad.

Nuestros sentidos -dicen ellos- nos permiten ver y sentir las cosas, conocer sus aspectos

exteriores, las apariencias; por lo tanto, esas apariencias existen para nosotros; constituyen lo que en

lenguaje filosófico se llama “la cosa para nosotros”. Pero no podemos conocer la cosa,

independiente de nosotros, con su realidad que le es propia, lo que se llama “la cosa en sí”.

13 Lenin, Materialismo y Empiriocriticismo.

Los idealistas y los materialistas, que discuten continuamente sobre estos temas, son

comparables a dos hombres que se pasearan por la nieve, uno con anteojos azules y el otro rosados,

disputando acerca del verdadero color de aquélla. Supongamos que nunca pudieran quitarse sus

anteojos. ¿Podrán llegar a conocer un día el verdadero color de la nieve?… No. ¡Y bien!: los

idealistas y los materialistas que discuten para saber quiénes, de unos u otros, tiene razón, llevan

anteojos azules o rosados. Nunca conocerán la realidad. Tendrán un conocimiento de la nieve “para

ellos”; cada uno la verá a su modo, pero jamás conocerán la nieve “en sí misma”. Tal es el

razonamiento de los agnósticos.

III. ¿DE DÓNDE PROCEDE ESTA FILOSOFÍA?

Los fundadores de esta filosofía son Hume (1711-1776), que era inglés, y Kant (1724-1804),

un alemán. Ambos han tratado de conciliar el idealismo y el materialismo.

He aquí un pasaje de los razonamientos de Hume citados por Lenin en su libro

Materialismo y Empiriocriticismo:

Se puede considerar evidente que los hombres son propensos, porinstinto o predisposición natural, a fiarse de sus sentidos, y que sin el menorrazonamiento, o incluso antes de recurrir al razonamiento, siempre suponemosla existencia de un mundo exterior, que no depende de nuestra percepción y queexistiría aun cuando desapareciésemos o fuésemos destruidos nosotros y todoslos otros seres dotados de sensibilidad…Pero esta opinión universal y primaria de todos los hombres esprontamente rebatida por la más superficial filosofía, que nos enseña que anuestra mente no puede ser nunca accesible nada más que la imagen o lapercepción y que las sensaciones son tan sólo canales por los que estasimágenes son transportadas, no siendo capaces de establecer por sí mismas unarelación directa entre la mente y el objeto. La mesa que vemos parece máspequeña si nos alejamos de ella, pero la mesa real, que existeindependientemente de nosotros, no cambia; por consiguiente, nuestra menteno ha percibido otra cosa que la imagen de la mesa. Tales son las indicacionesevidentes de la razón.14

Vemos que Hume admite para comenzar lo que es evidente para el sentido común: la

“existencia de un universo exterior” que no depende de nosotros. Pero al instante se rehusa a admitir

esta existencia como una realidad objetiva. Para él, esta existencia no es nada más que una imagen,

y nuestros sentidos, que comprueban esta existencia, esta imagen, son incapaces de establecer una

relación cualquiera entre la mente y el objeto.

En una palabra, vivimos en medio de las cosas como en el cinematógrafo, en la pantalla del

cual vemos la imagen de los objetos, su existencia, pero donde tras las mismas imágenes, es decir,

detrás de la pantalla, no hay nada.

Ahora, para saber cómo tiene nuestra mente conocimiento de los objetos, esto puede ser

debido

a la energía de nuestra misma inteligencia o a la acción de algún espírituinvisible y desconocido o también a alguna causa menos conocida todavía.1514 Idem, p. 21.15 Obra citada.

IV. SUS CONSECUENCIAS

He aquí una teoría seductora que, por otra parte, se halla muy extendida. La encontramos

bajo diferentes aspectos en el curso de la Historia, entre las teorías filosóficas, y en nuestros días,

entre todos aquellos que pretenden “permanecer neutrales y mantenerse en una reserva científica”.

Nos es preciso, por lo tanto, examinar si esos razonamientos son justos y qué consecuencias

se derivan de ello.

Si verdaderamente nos es imposible, como afirman los agnósticos, conocer la verdadera

naturaleza de las cosas, y si nuestro conocimiento se limita a sus apariencias, no podemos afirmar,

entonces, la existencia de la realidad objetiva y no podemos saber si las cosas existen por si mismas.

Para nosotros, por ejemplo, el ómnibus es una realidad objetiva; pero el agnóstico nos dice que eso

no es seguro, que no se puede saber si ese ómnibus es un pensamiento o una realidad. Por

consiguiente, él nos prohibe sostener que nuestro pensamiento es el reflejo de las cosas. Vemos que

de este modo estamos en pleno razonamiento idealista, porque, entre afirmar que las cosas no

existen o bien que sencillamente no se puede saber si existen, la diferencia no es grande…

Ya hemos visto que el agnóstico distingue las “cosas para nosotros” y las “cosas en sí”. El

estudio de las cosas para nosotros es por lo tanto posible: es la ciencia; pero el estudio de las cosas

en sí es imposible, porque no podemos conocer lo que existe fuera de nosotros.

El resultado de este razonamiento es el siguiente: el agnóstico acepta la ciencia; cree en ella

y quiere practicarla y, como no se puede hacer ciencia sino a condición de expulsar de la naturaleza

toda fuerza sobrenatural, ante la ciencia él es materialista.

Pero se apresura a agregar que, como la ciencia no nos da más que apariencias, nada prueba,

por otra parte, que no haya en la realidad otra cosa además de la materia, o incluso que exista la

materia o que Dios no exista. La razón humana no puede saber nada y por consiguiente no tiene por

qué mezclarse en eso. Si hay otros medios de conocer las “cosas en sí”, como la fe religiosa, el

agnóstico no quiere saberlo tampoco y no se reconoce el derecho de discutirlo.

En cuanto a la conducción de la vida y a la construcción de la ciencia, el agnóstico es, pues,

un materialista, pero un materialista que no se atreve a afirmar su materialismo y que trata ante todo

de no atraerse dificultades con los idealistas, de no entrar en conflicto con las religiones. Es “un

materialista vergonzante”.16

La consecuencia es que, al dudar del valor profundo de la ciencia y al no ver en ella más que

ilusiones, esta tercera filosofía nos propone no atribuir ninguna veracidad a la eiencia y considerar

como perfectamente inútil tratar de saber algo, de hacer avanzar el progreso.

Los agnósticos dicen: “En otra época, los hombres veían el sol como un disco chato y creían

que tal era la realidad: se engañaban. Hoy, la ciencia nos dice que el sol no es tal como lo vemos y

pretende explicar todo. Sin embargo, sabemos que se engaña a menudo, destruyendo un día lo que

construyera la víspera. Error ayer, verdad hoy, pero error mañana. De este modo, sostienen los

agnósticos, nosotros no podemos saber, la razón no nos aporta ninguna certidumbre. Y si fuera de la

razón hay otros medios que, como la fe religiosa, pretenden darnos certidumbres absolutas, ni

siquiera la ciencia.puede impedirnos creer en ello. Al disminuir la confianza en la ciencia, el

agnosticismo prepara así el retorno de las religiones.

V. CÓMO PODEMOS REFUTAR ESTA “TERCERA” FILOSOFÍA

Hemos visto que, para probar sus afirmaciones, los materialistas se sirven no solamente de

la ciencia sino también de la experiencia, que permite controlar las ciencias. Gracias al “criterio de

16 Friedrich Engels, Estudios filosóficos.

la práctica”, se puede saber, se puede conocer las cosas.

Los agnósticos nos dicen que es imposible afirmar que el mundo exterior existe o no existe.

Pero mediante la práctica nosotros sabemos que el mundo y las cosas existen. Sabemos que

las ideas que nos hacemos de las cosas son justas, que las relaciones que hemos establecido entre las

cosas y nosotros son reales.

Desde el momento que sometemos esos objetos a nuestro uso, deacuerdo a las cualidades que percibimos en ellos, sometemos a una pruebainfalible la corrección o la falsedad de nuestras percepciones sensibles. Si esaspercepciones fueran falsas, nuestra apreciación del uso que se puede hacer deun objeto debería serlo igualmente, y nuestra tentativa debería fracasar. Pero silogramos alcanzar nuestro objetivo, si advertimos que el objeto concuerda conla idea que teníamos de él y responde al designio en el que lo hacemos entrar,ésa es una prueba positiva de que nuestras percepciones del objeto y de suscualidades están de acuerdo con una realidad exterior a nosotros mismos, ycada vez que sufrimos un fracaso empleamos generalmente poco tiempo paradescubrir la razón que nos ha hecho fracasar; nos damos cuenta de que lapercepción sobre la cual nos habíamos basado para actuar era o incompleta osuperficial o combinada con los resultados de otras percepciones, de manera talque no garantizaban lo que llamamos razonamiento verdadero. En la medida enque tenemos cuidado de conducir y de utilizar convenientemente nuestrossentidos y de mantener nuestra acción de los límites prescriptos porpercepciones convenientemente obtenidas y convenientemente utilizadas,notamos que el resultado de nuestra acción prueba la conformidad de nuestraspercepciones con la naturaleza objetiva de las cosas percibidas. En ningún casotodavía hemos debido sacar la conclusión de que nuestras percepcionessensibles científicamente controladas produzcan en nuestros espíritus ideassobre el mundo exterior que se hallen, por su misma naturaleza, en desacuerdocon la realidad, o que haya una incompatibilidad inherente entre el mundo y laspercepciones sensibles que de él tenemos.17

Retomando la frase de Engels, diremos: “la prueba del pudding, es que se lo come”

(proverbio inglés). Si no existiera o no fuera más qne una idea, después de haberlo comido nuestra

hambre no estaría saciada en absoluto.

De este modo nos es perfectamente posible conocer las cosas, ver si nuestras ideas

corresponden a la realidad. Nos es posible controlar los datos de la ciencia por la experiencia y la

industria, que traducen en aplicaciones prácticas los resultados teóricos de las ciencias. Si podemos

hacer caucho sintético, es porque la ciencia conoce la “cosa en sí” que es el caucho.

Por consiguiente, vemos que no es inútil tratar de saber quién tiene razón, puesto que a pesar

de los errores teóricos que la ciencia puede cometer, la experiencia nos proporciona en cada ocasión

la prueba de que indudablemente es la ciencia la que tiene razón.

VI. CONCLUSIÓN

Desde el siglo XVIII, entre los diferentes pensadores que han sido influenciados en mayor o

menor medida por el agnosticismo, vemos que esta filosofía es atraída tanto por el idealismo como

por el materialismo. Cubriéndose con palabras nuevas, como dice Lenin, pretendiendo incluso

servirse de la ciencia para apuntalar sus razonamientos, no hacen más que crear la confusión entre

las dos teorías, permitiendo así a algunos tener una filosofía cómoda, que les da la posibilidad de

declarar que no son idealistas porque se sirven de la ciencia, pero que no son tampoco materialistas,

porque no se atreven a ir hasta el fin de sus argumentos, porque no son consecuentes:

¿Qué es el agnosticismo, entonces -dice Engels- sino… un materialismo17 Friedrich Engels, Estudios filosóficos.“vergonzante”? La concepción agnóstica de la naturaleza es completamentematerialista. El mundo natural es regido enteramente por leyes y excluyeabsolutamente toda intervención exterior. Pero, agrega aquélla, nosotros notenemos ningún medio para afirmar o negar la existencia de algún ser supremomás allá del universo conocido.18

Por lo tanto, esta filosofía hace el juego del idealismo y, al fin de cuentas, puesto que son

inconsecuentes en sus razonamientos, los agnósticos desembocan en el idealismo. “Rasquen al

agnóstico, dice Lenin, y encontrarán al idealista.”

Hemos visto que se puede saber quién tiene razón: si el idealismo o el materialismo.

Vemos ahora que las teorías que pretenden conciliar esas dos filosofías no pueden, de hecho,

sino sostener al idealismo, que no aportan una tercera respuesta a la cuestión fundamental de la

filosofía y que, en consecuencia, no hay tercera filosofía.

LECTURAS

Lenin, Materialismo y Empiriocriticismo.

Friedrich Engels, Ludwig Feuerbach.

Friedrich Engels, Estudios filosóficos.

18 Friedrich Engels, Estudios filosóficos.

PREGUNTAS DE CONTROL

Introducción

1. ¿Qué importancia presenta el estudio de la filosofía para el militante obrero?

2. ¿Qué importancia más particular presenta para él el estudio del materialismo dialéctico?

Capítulo primero

1. ¿Cuál es el problema fundamental de la filosofía?

2. Explicar y corregir la confusión corriente a la que dan lugar las palabras idealismo y

materialismo.

Capítulo segundo

¿Cuáles son los principales argumentos idealistas?

Capítulo tercero

¿Cuáles son los puntos de oposición entre el idealismo y el materialismo?

Capítulo cuarto

¿Qué hay que responder a los que pretenden que el mundo no existe más que en nuestro

pensamiento?

Capítulo quinto

¿Entre el materialismo y el idealismo hay sitio para una tercera filosofía?

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