2. Principios Elementales de Filosofía. Filosofía, Idealismo y Materialismo. George Politzer

CAPITULO PRIMERO

EL PROBLEMA FUNDAMENTAL DE LA FILOSOFIA

I. ¿COMO DEBEMOS COMENZAR EL ESTUDIO DE LA FILOSOFIA?

En nuestra introducción hemos dicho en varias ocasiones que la filosofía del materialismo

dialéctico es la base del marxismo.

El fin que nos proponemos es el estudio de esta filosofía. Pero para llegar a ese fin,

necesitamos avanzar por etapas.

Cuando hablamos del materialismo dialéctico, tenemos ante nosotros dos palabras:

materialismo y dialéctico, lo que quiere decir que el materialismo es dialéctico. Sabemos que antes

de Marx y Engels el materialismo ya existía, pero que son ellos los que, con ayuda de los

descubrimientos del siglo XIX, han trasformado ese materialismo y han creado el materialismo

“dialéctico”.

Luego examinaremos el sentido de la palabra “dialéctico”, que designa la forma moderna

del materialismo.

Pero puesto que, antes de Marx y Engels, ha habido filósofos materialistas (por ejemplo,

Diderot en el siglo XVIII), y puesto que hay puntos comunes a todos los materialistas, necesitamos

por consiguiente, estudiar la historia del materialismo antes de abordar el materialismo dialéctico.

Necesitamos conocer igualmente cuáles son las concepciones que se oponen al materialismo.

II. DOS MANERAS DE EXPLICAR EL MUNDO

Hemos visto que la filosofía es “el estudio de los problemas más generales” y que tiene por

objetivo explicar el mundo, la naturaleza, el hombre.

Si abrimos un manual de filosofía burguesa, quedamos azorados por la cantidad de filosofías

diversas que ahí se encuentran. Son designadas por múltiples palabras más o menos complicadas y

que terminan en “ismo”: el criticismo, el evolucionismo, el intelectualismo, etc., y esta multitud

crea la confusión. Por otra parte, la burguesía nada ha hecho para aclarar la situación, sino todo lo

contrario. Pero nosotros ya podemos analizar todos esos sistemas y distinguir dos grandes

corrientes, dos concepciones netamente opuestas:

a) La concepción científica.

b) La concepción no científica del mundo.

III. LA MATERIA Y EL ESPÍRITU

Cuando los filósofos emprendieron la tarea de, explicar las cosas del, mundo, de la

naturaleza, del hombre, y en fin, todo lo que nos rodea, sintieron la necesidad de establecer

distinciones. Nosotros mismos comprobamos que hay cosas, objetos, que son materiales, que vemos

y tocamos. Además, otras cosas que no vemos y que no podemos tocar ni medir, como nuestras

ideas.

Por consiguiente, clasificamos las cosas así: por una parte, olas que son materiales; por otra

parte, las que no son materiales y que corresponden al dominio del espíritu, del pensamiento, de las

ideas.

Es así que los filósofos se han encontrado en presencia de la materia y del espíritu.

IV. ¿QUÉ ES LA MATERIA? ¿QUÉ ES EL ESPÍRITU?

Acabamos de ver de manera general cómo el hombre ha sentido la necesidad de clasificar

las cosas como materia o espíritu.

Pero debemos precisar que esta distinción se efectúa en diferentes formas y con palabras

diferentes.

Es así que en lugar de hablar del espíritu hablamos igualmente del pensamiento, de nuestras

ideas, de nuestra conciencia, del alma, del mismo modo que hablando de la naturaleza, del mundo,

de la tierra, del ser, nos referimos a la materia.

De la misma manera, cuando Engels, en su libro Ludwig Feuerbach, habla del ser y del

pensamiento, el ser es la materia; el pensamiento es el espíritu.

Para definir lo que es el pensamiento o el espíritu, y el ser o la materia, diremos:

El pensamiento es la idea que nos hacemos de las cosas; algunas de esas ideas nos llegan

ordinariamente de nuestras sensaciones y corresponden a objetos materiales; otras ideas, como las

de Dios, de la filosofía, del infinito, del mismo pensamiento, no corresponden a objetos materiales.

Lo esencial que debemos retener aquí es que tenemos ideas, pensamientos, sentimientos, porque

vemos y sentimos.

La materia o el ser es lo que nuestras sensaciones y nuestras percepciones nos muestran y

nos presentan; es, de manera general, todo lo que nos rodea, lo que se llama “el mundo exterior”,

Ejemplo: Mi hoja de papel es blanca. Saber que es blanca es una idea, y son mis sentidos los que me

dan esta idea. Pero la materia es la misma hoja.

Por eso, cuando los filósofos hablan de las relaciones entre el ser y el pensamiento, o entre

el espíritu y la materia, o entre la conciencia y el cerebro, etc., todo esto concierne a la misma

cuestión y significa: entre materia o espíritu, ser o pensamiento, ¿cuál es el más importante, el que

domina al otro, y en fin, el que apareció primero? Esto es lo que se llama:

V. LA CUESTIÓN O EL PROBLEMA FUNDAMENTAL DE LA FILOSOFÍA

Cada uno de nosotros se ha preguntado en qué nos convertimos al morir, de dónde viene el

mundo, cómo se ha formado la Tierra. Y no es difícil admitir que siempre ha existido algo. Se tiene

tendencia a pensar que en cierto momento no había nada. Por eso es más fácil creer lo que enseña la

religión: “El espíritu planeaba por encima de las tinieblas… después fue la materia.” Del mismo

modo, uno se pregunta dónde están nuestros pensamientos, y así se nos plantea el problema de las

relaciones que existen entre el espíritu y la materia, entre el cerebro y el pensamiento. Por otra parte,

hay otras muchas maneras de plantear la cuestión. Por ejemplo, ¿cuáles son las relaciones entre la

voluntad y el poder? La voluntad es, aquí, el espíritu, el pensamiento; y el poder es lo posible, es el

ser, la materia. También encontramos con la misma frecuencia la cuestión de las relaciones entre la

“conciencia social” y la “existencia social”.

La cuestión fundamental de la filosofía se presenta, pues, bajo diferentes aspectos, y puede

verse qué importante es reconocer siempre la manera en que se plantea ese problema de las

relaciones de la materia y del espíritu, porque sabemos que no puede haber más que dos respuestas

para esta cuestión:

1. Una respuesta científica.

2. Una respuesta no científica.

VI. IDEALISMO O MATERIALISMO

De este modo, los filósofos se han visto en la necesidad de tomar posición en tan importante

cuestión.

Los primeros hombres, completamente ignorantes, sin ningún conocimiento del hombre y de

sí mismos y ningún medio técnico par actuar sobre el mundo, atribuían a seres sobrenaturales la

responsabilidad de todo lo que los sorprendía. En su imaginación, excitada, por los sueños en los

que veían vivir a sus amigos y a sí mismos, llegaron a la concepción de que cada uno tiene una

existencia doble. Turbados por la idea de ese “doble”, llegaron a figurarse que sus pensamientos y

sus sensaciones eran producidos no por su

propio cuerpo, sino por un alma particular que habitaba en ese cuerpoabandonándolo en el momento de la muerte.3

A continuación nació la idea de la inmortalidad del alma y de una vida posible del espíritu

fuera de la materia.

Del mismo modo, su debilidad, su inquietud ante las fuerzas de la naturaleza, ante todos

esos fenómenos que no comprendían y que el estado de la técnica no les permitía dominar

(germinación, tormentas, inundaciones, etcétera) los condujo a suponer que detrás de esas fuerzas

hay seres todopoderosos, “espíritus” o “dioses”, benefactores o dañinos, pero en todo caso

caprichosos.

Igualmente, creían en los dioses; en seres más poderosos que los hombres, pero los

imaginaban bajo la forma de hombres o de animales, como cuerpos materiales. Sólo más tarde las

almas y los dioses (y después el Dios único que reemplazó a los dioses) fueron concebidos como

puros espíritus.

Se llegó entonces a la idea de que en la realidad hay espíritus que tienen una vida

completamente específica, completamente independiente de la del cuerpo y que no necesitan

cue’rpos para existir.

Posteriormente, esta cuestión se planteó de manera más precisa en función de la religión

bajo esta forma:

¿El mundo ha sido creado por Dios o existe desde toda la eternidad?Según respondieran de talo cual manera a esta cuestión, los filósofos sedividían en dos grandes campos.4

Aquellos que, adoptando la explicación no científica, admitían la creación del mundo por

Dios, es decir, afirmaban que, el espíritu había creado la materia, formaban el campo del idealismo.

Los otros, aquellos que trataban de dar una explicación científica del mundo y pensaban que

la naturaleza, la materia, era el elemento principal, pertenecían a las diferentes escuelas del

materialismo.

Originariamente, esas dos expresiones, idealismo y materialismo, no significaban más que

eso.

El idealismo y el materialismo son, por lo tanto, dos respuestas opuestas y contradictorias al

problema fundamental de la filosofía.

El idealismo es la concepción no científica. El materialismo es la concepción científica del

3 Friederich Engels, Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana.4 Friederich Engels, Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana.

mundo.

Más adelante se verán las pruebas de esta afirmación, pero podemos decir desde ya que si

bien se comprueba en la experiencia que hay cuerpos sin pensamiento, como las piedras, los

metales, la tierra, no se comprueba nunca, por el contrario, la existencia de espíritu sin cuerpo.

Para terminar este capítulo por una conclusión, sin equívocos, vemos que para responder a

esta cuestión: ¿por qué piensa el hombre?, no puede haber más que dos respuestas completamente

diferentes y totalmente opuestas:

1ª respuesta: El hombre piensa porque tiene un alma.

2ª respuesta: El hombre piensa porque tiene un cerebro.

Según demos una u otra respuesta, tendremos qué aportar soluciones diferentes a los

problemas que derivan de esta cuestión.

De acuerdo a nuestra respuesta, seremos idealistas o materialistas.

LECTURA

F. Engels, Ludwigh Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, capítulo II,

“idealismo y materialismo”.

CAPITULO SEGUNDO

EL IDEALISMOI.

IDEALISMO MORAL E IDEALISMO FILOSÓFICO

Hemos denunciado ya la confusión creada por el lenguaje corriente en lo que concierne al

materialismo. La misma confusión se reproduce a propósito del idealismo.

En efecto, no hay que confundir el idealismo moral y el idealismo filosófico.

El idealismo moral consiste en consagrarse a una causa, a un ideal. La historia del

movimiento obrero internacional nos enseña que un número incalculable de revolucionarios, de

marxistas, se han consagrado hasta el sacrificio de sus vidas a un ideal moral, y sin embargo eran

adversarios de ese otro idealismo que se llama idealismo filosófico.

Idealismo filosófico

El idealismo filosófico es una doctrina que tiene por base la explicación del mundo por el

espíritu.

Es la doctrina que responde a la cuestión fundamental de la filosofía diciendo: “el

pensamiento es el elemento principal, el más importante, el primero”. Y el idealismo, afirmando la

importancia primera del pensamiento, afirma que es el que produce el ser o, dicho de otra manera,

“es el éspíritu el que produce la materia”.

Tal es la primera forma del idealismo; ha encontrado su pleno desarrollo en las religiones

afirmando que Dios, “puro espíritu”, era el creador de la materia.

La religión, que ha pretendido y pretende aún estar fuera de las discusiones filosóficas, es en

realidad, por el contrario, la representación directa y lógica de la filosofía idealista.

Pero con la intervención de la ciencia en el curso de los siglos, muy pronto se volvió

necesario explicar la materia, el mundo, las cosas, de otro modo que por Dios únicamente. Porque

desde el siglo XVI, la ciencia comenzó a explicar los fenómenos de la naturaleza sin tener en cuenta

a Dios y prescindiendo de la hipótesis de la creación.

Para combatir mejor esas explicaciones científicas materialistas y ateas, se hizo necesario,

pues, llevar más lejos el idealismo y negar la misma existencia de la materia.

A ello se dedicó, a comienzos del siglo XVIII, un obispo inglés, Berkeley, al que se ha

podido llamar el padre del idealismo.

II. ¿POR QUÉ DEBEMOS ESTUDIAR EL IDEALISMO DE BERKELEY?

El objetivo de su sistema filosófico será, pues, destruir al materialismo, tratar de

demostrarnos que la sustancia material no existe. Escribió en el prefacio de su libro Diálogo deHylas y de Filón.Si estos principios son aceptados y considerados como verdaderos, sedesprende que el ateísmo y el escepticismo quedan completamente demolidosde un mismo golpe, las cuestiones oscuras aclaradas, dificultades casi insolublesresueltas, y los hombres que se complacían en paradojas devueltos al sentidocomún.

Por consiguiente, para Berkeley lo verdadero es que la materia no existe y que es paradójico

pretender lo contrario.

Vamos a ver cómo se manej a para demostrarnos esto. Pero pienso que no es inútil insistir

en que aquellos que quieren estudiar la filosofía deben tomar la teoría de Berkeley en gran

consideración.

Bien sé que las tesis de Berkeley harán sonreír a algunos, pero no hay que olvidar que

vivimos en el siglo XX y nos beneficiamos con todos los estudios del pasado. Y por otra parte,

cuando estudiemos el materialismo y su historia, veremos que los filósofos materialistas de otras

épocas también hacen sonreír a veces.

Sin embargo, es preciso saber que Diderot, quien fue antes de Marx y Engels el más grande

de los pensadores materialistas, atribuía cierta importancia al sistema de Berkeley, puesto que lo

describió como un

sistema que, para vergüenza del espíritu humano y de la filosofía es elmás difícil de combatir, ¡aunque sea el más absurdo de todos!5

El mismo Lenin ha dedicado numerosas páginas a la filosofía de Berkeley y escribió:

Los más modernos filósofos idealistas no han producido contra losmaterialistas ningún… argumento que no pueda encontrarse en el obispoBerkeley.6

Finalmente, he aquí la apreciación del inmaterialismo de Berkeley en un manual de historia

de la filosofía difundido todavía hoy en los liceos franceses:

Teoría aún imperfecta, sin duda, pero admirable, y que debe destruirpara siempre, en los espíritu filosóficos, la creencia en la existencia de unasubstancia material.7

Está dicho, pues, la importancia que tiene para todo el mundo -aunque por razones

diferentes, como estas citaciones acaban de demostrarlo- este razonamiento filosófico.

III. EL IDEALISMO DE BERKELEY

La finalidad, de este sistema consiste, pues, en demostrar que la materia no existe.

Berkeley decía:

La materia no es lo que nosotros creemos, pensando que existe fuera denuestro espíritu. Pensamos que las cosas existen porque las vemos, porque lastocamos; es porque nos dan esas sensaciones que creemos en su existencia.Pero nuestras sensaciones no son sino ideas que tenemos en nuestroespíritu. Por consiguiente, los objetos que percibimos por nuestros sentidos noson otra cosa que ideas, y las ideas no pueden existir fuera de nuestro espíritu.

Para Berkeley, las cosas existen; él no niega su naturaleza y su existencia, pero afirma que

sólo existen bajo la forma de sensaciones que nos las hacen conocer y saca en conclusión que

nuestras sensaciones y los objetos no son sino una sola y misma cosa.

Las cosas existen, por cierto, pero en nosotros -dice él-, en nuestro espíritu, y no tienen

ninguna sustancia fuera del espíritu.

Concebimos las cosas con ayuda de la vista; las percibimos con la ayuda del tacto; el olfato

nos informa sobre el olor; el gusto sobre el sabor; el oído sobre los sonidos. Esas diferentes

sensaciones nos dan ideas, que, combinadas unas con otras, hacen que les demos un nombre común

y las consideremos como objetos.

5 “Carta sobre los ciegos”, de Diderot. Citado por Lenin en Materialismo y Empiriocriticismo.6 Lenin, Materialismo y Empiriocriticismo.7 A. Penjon, Precis d’historie de la philosophie, p. 320-321, Ed. Paul Delaplace.Se observa, por ejemplo, un color, un sabor, un olor, una forma, unaconsistencia determinadas… Se reconoce este conjunto como un objeto que sedesigna con el nombre manzana.(Otras combinaciones de sensaciones nos dan) otras colecciones de ideas(que) constituyen lo que se llama la piedra, el árbol, el libro y los otros objetossensibles.

Somos víctimas de ilusiones cuando pensamos conocer como exteriores el mundo y las

cosas, puesto que todo eso no existe más que en nuestro espíritu.

En su libro Diálogos de Hylas y Filón, Berkeley nos demuestra esta tesis de la manera

siguiente:

¿No es absurdo creer que una misma cosa en el mismo momento puedaser diferente? ¿Caliente y fría, por ejemplo, en el mismo instante? Imaginad,pues, que una de vuestras manos esté caliente y la otra fría y ambas esténsumergidas al mismo tiempo en una jarra llena de agua a una temperaturaintermedia: ¿el agua no parecerá caliente a una mano, fría a la otra?

Como es absurdo creer que una cosa en el mismo momento pueda ser, en sí misma,

diferente, debemos sacar la conclusión de que esta cosa no existe más que en nuestro espíritu.

¿Qué hace Berkeley, pues, en su método de razonamiento y de discusión? Despoja a los

objetos, a las cosas, de todas sus propiedades:

“¿ Ustedes dicen que los objetos existen porque tienen un color, un olor, un sabor, porque

son grandes o pequeños, livianos o pesados ? Voy a demostrarles que eso no existe en los objetos,

sino en nuestro espíritu.

“He aquí un retazo de tejido: ustedes me dicen que es rojo. ¿Es eso completamente seguro?

Piensan que el rojo está en el mismo tejido. ¿Es cierto? Ustedes saben que hay animales que tienen

ojos diferentes de los nuestros y que nunca verán rojo este tejido; ¡del mismo modo, un hombre con

ictericia lo verá amarillo! Entonces, ¿de qué color es? ¿Eso depende, dicen? Por lo tanto, el rojo no

está en el tejido, sino en el ojo, en nosotros.

“¿Dicen que el tejido es liviano? Déjenlo caer sobre una hormiga y seguramente ella lo

encontrárá pesado. ¿Quién tiene razón, pues? ¿Ustedes piensan que es caliente? ¡Si estuvieran

afiebrados, lo encontrarían frío! Entonces, ¿es caliente o frío?

“En una palabra, si las mismas cosas pueden ser en el mismo instante rojas, pesadas,

calientes para unos, y para otros exactamente lo contrario, es que somos víctimas de ilusiones y que

las cosas no existen más que en nuestro espíritu.”

Despojando de todas sus propiedades a los objetos, se llega así a decir que éstos no existen

más que en nuestro pensamiento, es decir, que la materia es una idea.

Ya antes de Berkeley, los filósofos griegos decían, y eso era justo, que ciertas cualidades

como el sabor o el sonido no estaban en las cosas mismas, sino en nosotros.

Pero lo que hay de nuevo en la teoría de Berkeley es precisamente que él extiende esta

observación a todas las cualidades de los objetos.

En efecto, los filósofos griegos habían establecido entre las cualidades de las cosas la

distinción siguiente:

Por una parte, las cualidades primarias, es decir, las que están en los objetos, como el peso,

el tamaño, la resistencia, etc.

Por otra, las cualidades secundarias, es decir, aquellas que están en nosotros, como olor,

sabor, calor, etc.

Pero Berkeley aplica a las cualidades primarias la misma tesis que a las cualidades

secundarias, a saber, que todas las cualidades, todas las propiedades, no están en los objetos sinoen nosotros.

Si miramos el sol, lo vemos redondo, chato, rojo. La ciencia nos enseña que nos engañamos,

que el sol no es chato, no es rojo. Por consiguiente, con ayuda de la ciencia haremos abstracción de

ciertas falsas propiedades que damos al sol, ¡pero sin por ello llegar a la conclusión de que no

existe! Y sin embargo, a esa conclusión llega Berkeley.

Berkeley no se ha equivocado, por cierto, al mostrar, que la distinción de los antiguos no

resistía al análisis científico, pero incurre en una falta de razonamiento, en un sofisma, extrayendo

de esas observaciones consecuencias no implicadas en ellas. Él demuestra, en efecto, que las

cualidades de las cosas no son tales como nos las muestran nuestros sentidos, es decir, que nuestros

sentidos nos engañan y deforman la realidad material, ¡y llega inmediatamente a la conclusión de

que la realidad material no existe!

IV. CONSECUENCIAS DE LOS RAZONAMIENTOS “IDEALISTAS”

Siendo la tesis: “Todo no existe más que en nuestro espíritu”, hay que llegar a la conclusión

de que el mundo exterior no existe.

Llevando este razonamiento al extremo, llegaríamos a decir: “Soy el único que existe,

puesto que no conozco a los demás hombres más que por mis ideas, y que los demás hombres sólo

son para mí, como los objetos materiales, colecciones de ideas.” Es eso lo que en filosofía se llama

el solipsismo (que quiere decir solo yo).

Berkeley -nos dice Lenin en su libro ya citado- se defiende instintivamente contra la

acusación de sostener tal teoría. Hasta se comprueba que el solipsismo, forma extrema del

idealismo, no ha sido sostenido por ningún filósofo.

Es por eso que, al discutir con los idealistas, debemos aplicarnos a poner de relieve que los

razonamientos que niegan efectivamente la materia, deberían arribar, para ser lógicos y

consecuentes, a ese extremo absurdo que es el solipsismo.

V. LOS ARGUMENTOS IDEALISTAS

Nos hemos aplicado a resumir lo más senciIIamente posible la teoría de Berkeley, porque es

él quien ha expuesto con mayor franqueza lo que es el idealismo filosófico.

Pero es seguro que, para comprender bien esos razonamientos, nuevos para nosotros, ahora

resulta indispensable tomarlos muy en serio y hacer un esfuerzo intelectual. ¿Por qué?

Porque como veremos a continuación, aunque el idealismo se presenta de una manera más

oculta y cubriéndqse con palabras y expresiones nuevas, todas las filosofías idealistas no hacen más

que retomar los argumentos del “viejo Berkeley” (Lenin).

Porque veremos también hasta qué punto la filosofía idealista que ha dominado y domina

todavía la historia oficial de la filosofía, llevando consigo un método de pensamiento del que

estamos impregnados, ha sabido penetrar en nosotros a pesar de una educación completamente

laica.

Como la base de los argumentos de todas las filosofías idealistas se encuentra en los

razonamientos de Berkeley, vamos a tratar, pues, para resumir este capítulo, de deducir cuáles son

esos principales argumentos y lo que tratan de demostrarnos.

1. El espíritu crea la materia.

Sabemos que ésta es la respuesta idealista a la cuestión fundamental de la filosofía; es la

primera forma del idealismo que se refleja en las diferentes religiones, en las que se afirma que el

espíritu ha creado el mundo.

Esta afirmación puede tener dos sentidos:

O bien Dios ha creado el mundo, y éste existe realmente, fuera de nosotros. Este es el

idealismo común de las teologías.8

O bien Dios ha creado la ilusión del mundo en nosotros dándonos ideas que no

corresponden a nada. Este es el “idealismo inmaterialista” del obispo Berkeley, que quiere

probarnos que el espíritu. es la única realidad, mientras que la materia es un producto fabricado por

nuestro espíritu.

Por eso los idealistas afirman qué:

2. El mundo no existe fuera de nuestro pensamiento.

Esto es lo que Berkeley quiere demostrarnos al afirmar que cometemos un error atribuyendo

a las cosas propiedades y cualidades que les serían propias, mientras que no existen más que en

nuestro espíritu.

Para los idealistas, los bancos y las mesas existen, pero solamente en nuestro pensamiento y

no fuera de nosotros, porque

3. Son nuestras ideas las que crean las cosas.

Dicho de otra manerá, las cosas son el reflejo de nuestro pensamiento. En efecto, puesto que

es el espíritu el que crea la ilusión de la materia, puesto que las sensaciones que experimentamos

ante las cosas no provienen de las cosas mismas sino únicamente de nuestro pensamiento, la causa

de la realidad del mundo y de las cosas es nuestro pensamiento, y, en consecuencia, todo lo que nos

rodea no existe fuera de nuestro espíritu y no puede ser más que el reflejo de nuestro pensamiento.

Pero como para Berkeley nuestro espíritu sería incapaz de crear por sí solo esas ideas, y como por

otra parte no hace lo que quiere (como ocurriría si las creara por sí mismo), es preciso admitir que el

creador es otro espíritu más poderoso. Por consiguiente, es Dios quien crea nuestro espíritu y nos

impone todas las ideas del mundo que encontramos en él.

He aquí las principales tesis sobre las cuales se apoyan las doctrinas idealistas y las

respuestas que aportan a la cuestión fundamental de la filosofía. Ya es tiempo de ver ahora cuál es la

respuesta de la filosofía materialista a esta cuestión y a los problemas suscitados por esas tesis.

LECTURAS

Berkeley, Diálogos de Hylas y Filón.

Lenin, Materialismo y Empriocriticismo.

8 La teología es la “ciencia” (!!!) que trata de Dios y de las cosas divinas.

CAPITULO TERCEROEL MATERIALISMO

I. ¿POR QUÉ DEBEMOS ESTUDIAR EL MATERIALISMO?

Ya hemos visto que al problema: “¿Cuáles son las relaciones entre el ser y el

pensamiento?”, no puede haber más que dos respuestas opuestas y contradictorias.

En el capítulo precedente hemos estudiado la respuesta idealista y los argumentos

presentados para defender a la filosofía idealista.

Ahora debemos examinar la segunda respuesta a ese problema fundamental (problema,

repitámoslo, que se encuentra en la base de toda filosofía) y ver cuáles son los argumentos que el

materialismo aporta en su defensa. Tanto más cuanto que el materialismo es para nosotros una

filosofía muy importante, puesto que es la del marxismo.

En consecuencia es indispensable, pues, conocer bien el materialismo. Indispensable sobre

todo porque las concepciones de esta filosofía son muy mal conocidas y han sido falsificadas.

Indispensable también porque, a causa de nuestra educación, de la instrucción que hemos recibido

-sea primaria o más desarrollada-, de nuestros hábitos de vivir y razonar, estamos todos, sin darnos

cuenta, impregnados en mayor o menor medida de las concepciones idealistas. (Por otra parte, ya

veremos en otros capítulos varios ejemplos de esta afirmación, y por qué ocurre esto.)

Por consiguiente, es una necesidad absoluta para aquellos que quieren estudiar el marxismo

conocer la base: el materialismo.

II. ¿DE DÓNDE PROCEDE EL MATERIALISMO?

Hemos definido la filosofía, de manera general, como un esfuerzo para explicar el mundo, el

universo. Pero sabemos que sus explicaciones han cambiado de acuerdo al estado de los

conocimientos humanos, y que en el curso de la historia de la humanidad dos actitudes han tratado

de explicar el mundo: una, anticientífica, que recurre a uno o múltiples espíritus superiores, a

fuerzas sobrenaturales; otra, científica, que se funda sobre hechos y experiencias.

Una de esas concepciones es defendida por los filósofos idealistas; la otra, por los

materialistas.

Por eso, desde el comienzo de este libro hemos dicho que la primera idea que es preciso

hacerse del materialismo, es que esta filosofía representa “la explicación científica del universo”.

Si el idealismo ha nacido de la ignorancia de los hombres -y ya veremos cómo la ignorancia

fue mantenida, conservada en la historia de las sociedades por fuerzas culturales y po1íticas que

compartían las concepciones idealistas-, el materialismo nació de la lucha de las ciencias contra la

ignorancia u obscurantismo.

Por eso esta filosofía fue tan combatida y aún en nuestros días, bajo su forma moderna (el

materialismo dialéctico), es poco conocida cuando no ignorada o negada por el mundo universitario

oficial.

III. ¿CÓMO Y POR QUÉ HA EVOLUCIONADO EL MATERIALISMO?

Contrariamente a lo que pretenden aquellos que combaten esta filosofía y que dicen que esta

doctrina no ha evolucionado desde hace veinte siglos, la historia del materialismo nos muestra que

esta filosofía es algo vivo y siempre en movimiento.

En el curso de los siglos, los conocimientos científicos del hombre han progresado. Al

comienzo de la historia del pensamiento, en la antigüedad griega, los conocimientos científicos eran

casi nulos, y los primeros sabios eran al mismo tiempo filósofos, porque en esta época la filosofía y

las ciencias nacientes formaban un todo, siendo aquélla la prolongación de éstas.

Posteriormente, y a medida que las ciencias aportaban precisiones en la explicación de los

fenómenos del mundo, precisiones que estorbaban a los dogmas de los filósofos idealistas e incluso

hallábanse en contradicción con ellos, surgió un conflicto entre la filosofía y las ciencias.

Como las ciencias se hallaban en contradicción con la filosofía oficial de esta época, se hizo

necesario que se separasen. Por eso

ellas se apresuran a desembarazarse del fárrago filosófico y a dejar a losfilósofos las vastas hipótesis, para tomar contacto con problemas restringidos,aquellos que están maduros para una solución próxima. Entonces se crea esadistinción entre las ciencias… y la filosofía.9

Pero el materialismo, nacido con las ciencias, unido a ellas y dependiendo de ellas, ha

progresado y evolucionado con ellas para llegar, con el materialismo moderno, el de Marx y Engels,

a reunir nuevamente la ciencia y la filosofía en el materialismo dialéctico.

Más adelante estudiaremos esta historia y esta evolución, que están vinculadas al progreso

de la humanidad, pero ya comprobamos, y es importante retenerlo, que el materialismo y las

ciencias están unidos entre sí y que el materialismo es absolutamente dependiente de la ciencia.

Nos falta establecer y definir las bases del materialismo, bases comunes a todas las filosofías

que, bajo diferentes aspectos, se declaran materialistas.

IV. ¿CUÁLES SON LOS PRINCIPIOS Y LOS ARGUMENTOS DE LOSMATERIALISTAS?

Para contestar esto, nos es preciso volver a la cuestión fundamental de la filosofía, la de las

relaciones entre el ser y el pensamiento: ¿cuál de los dos es el principal?

Los materialistas afirman, desde luego, que hay una relaéión determinada entre el ser y el

pensamiento, entre la materia y el espíritu. Para ellos, el ser, la materia, es el elemento primordial, la

cosa primera, y el espíritu la cosa secundaria, posterior, dependiente de la materia.

Por consiguiente, para los materialistas no son el espíritu o Dios los que han creado el

mundo y la materia, sino que el mundo, la materia, la naturaleza, han creado el espíritu:

El mismo espíritu no es más que el producto superior de la materia.10

Por eso, si retomamos la pregunta que hemos planteado en el primer capítulo: “¿Por qué

piensa el hombre?”, los materialistas responden que el hombre piensa porque tiene un cerebro y el

pensamiento es un producto del cerebro. Para ellos no puede haber pensamiento sin materia, sin

cuerpo.

Nuestra conciencia y nuestro pensamiento, por trascendentales que nosparezcan, no son sino productos de un órgano material, corporal, el cerebro.11

En consecuencia, la materia, el ser, son para los materialistas algo real, existente fuera de

nuestro pensamiento, y no necesitan del pensamiento o del espíritu para existir. De igual modo, y

9 René Maublanc, La vie ouvrière, 25 de noviembre de 1935.10 Friedrich Engels, L. Feuerbach.11 Idem.

como el espíritu no puede existir sin materia, no hay alma inmortal e independiente del cuerpo.

Contrariamente a lo que dicen los idealistas, las cosas que nos rodean existen

independientemente de nosotros: son ellas las que nos dan nuestros pensamientos; y nuestras ideas

no son más que el reflejo de las cosas en nuestro cerebro.

Es por eso que ante el segundo aspecto de la cuestión de las relaciones entre el ser y el

pensamiento:

¿Qué relación hay entre nuestras ideas sobre el mundo que nos rodea yese mismo mundo? ¿Nuestro pensamiento está en condiciones de conocer elmundo real? ¿ Podemos, en nuestras concepciones del mundo real, reproduciruna imagen fiel de la realidad? Esta cuestión es llamada en lenguaje filosófico lacuestión de la identidad del pensamiento y del ser.12

los materialistas afirman: ¡sí!, podemos conocer el mundo, y las ideas que nos hacemos de

ese mundo son cada vez más justas, puesto que podemos estudiar con ayuda de las ciencias, que

éstas nos prueban continuamente mediante la experiencia que las cosas que nos rodean tienen

efectivamente una vida que les es propia, independiente de nosotros, y que los hombres ya pueden

reproducir en parte esas cosas, crearlas artificialmente.

Para resumir, diremos que ante el problema fundamental de la filosofía los materialistas

afirman:

1. Que es la materia la que produce el espíritu y que, científicamente, nunca se ha visto

espíritu sin materia.

2. Que la materia. existe fuera de todo espíritu y que no tiene necesidad del espíritu para

existir, puesto que tiene una existencia que le es particular y que, en consecuencia,

contrariamente a lo que dicen los idealistas, no son nuestras ideas las que crean las cosas,

sino, por el contrario, son las cosas las que nos dan nuestras ideas.

3. Que somos capaces de conocer el mundo, que las ideas que nos hacemos de la materia y

del mundo son cada vez más correctas puesto que, con ayuda de las ciencias, podemos

determinar con precisión lo que ya conocemos y descubrir lo que ignoramos.

12 Friedrich Engels, L. Feuerbach.

CAPITULO CUARTO

¿QUIÉN TIENE RAZÓN: EL IDEALISTA O EL MATERIALISTA?

I. CÓMO DEBEMOS PLATEARNOS EL PROBLEMA

Ahora que conocemos las tesis de los idealistas y de los materialistas, vamos a tratar de

saber quién tiene razón.

Recordemos que ante todo necesitamos comprobar, por una parte, que estas tesis son

absolutamente opuestas y contradictorias; por otra parte que, ya sea que se defienda una u otra

teoría, ello nos lleva acto seguido a conclusiones que, por sus consecuencias, son muy importantes.

Para saber quiñen tiene razón, debemos referirnos a los tres puntos en los cuales hemos

resumido cada argumentación.

Los idealistas afirman:

1. Que es el espíritu el que crea la materia.

2. Que la materia no existe fuera de nuestro pensamiento, y que por consiguiente no es para

nosotros más que una ilusión.

3. Que son nuestras ideas las que crean las cosas.

Por su parte, los materialistas afirman exactamente lo contrario.

Para facilitar nuestro trabajo, debemos comenzar por lo que pertenece al dominio del sentido

común y que más nos asombra.

1. ¿Es cierto que el mundo no existe más que en nuestro pensamiento?

2. ¿Es cierto que son nuestras ideas las que crean las cosas?

He aquí dos argumentos defendidos por el idealismo “inmaterialista” de Berkeley, cuyas

conclusiones conducen, como en todas las teologías, a nuestra tercera pregunta:

3. ¿Es cierto que el espíritu crea la materia?

Se trata de cuestiones muy importantes, puesto que se relacionan con. el problema

fundamental de la filosofía. En consecuencia, al discutirlas vamos a saber quién tiene razón, y ellas

son particularmente interesantes para los materialistas, dado que las respuestas materialistas a estas

pregúntas son comunes a todas las filosofías materialistas -y por lo tanto, al materialismo dialéctico.

II. ¿ES VERDAD QUE EL MUNDO NO EXISTE MÁS QUE EN NUESTRO PENSAMIENTO?

Antes de estudiar esta cuestión, debemos ubicar dos términos filosóficos que nos es preciso

utilizar y que encontramos a menudo en nuestras lecturas.

Realidad subjetiva (que quiere decir: realidad que existe solamente en nuestro pensamiento).

Realidad objetiva (realidad que existe fuera de nuestro pensamiento).

Los idealistas dicen que el mundo no es una realidad objetiva, sino subjetiva.

Los materialistas dicen que es una realidad objetiva.

Para demostrarnos que el mundo y las cosas no existen más que en nuestro pensamiento, el

obispo Berkeley los descompone en sus propiedades (color, tamaño, densidad, etc.). Nos demuestra

que esas propiedades, que varían según los individuos, no están en las mismas cosas sino en el

espíritu de cada uno de nosotros. De ello deduce que la materia es un conjunto de propiedades no

objetivas sino subjetivas y que, en consecuencia, no existe.

Si retornamos el ejemplo del sol, Berkeley nos pregunta si creemos en la realidad objetiva

del disco rojo, y nos demuestra, con su método de discusión de las propiedades, que el sol no es rojo

y no es un disco. Por consiguiente, el sol no es una realidad objetiva, porque no existe por sí mismo,

sino que es una simple realidad subjetiva, puesto que no existe más que en nuestro pensamiento.

Los materialistas afirman que el sol existe de todos modos, no porque lo veamos como un

disco chato y rojo -porque esto corresponde al realismo ingenuo, el de los niños y de los primeros

hombres que no contaban más que con sus sentidos para controlar la realidad-, sino que afirman que

existe invocando la ciencia. En efecto, ésta nos permite rectificar los errores que nuestros sentidos

nos hacen cometer.

Pero ante este ejemplo del sol debemos plantear claramente el problema.

Diremos, con Berkeley, que el sol no es un disco ni es rojo, pero no aceptamos sus

conclusiones: la negación del sol como realidad objetiva.

No discutimos las propiedades de las cosas sino su existencia.

No discutimos para saber si nuestros sentidos nos engañan y deforman la realidad material,

sino si esta realidad existe fuera de nuestros sentidos.

¡Y bien!: los materialistas afirman la existencia de esta realidad fuera de nosotros y nos

proporcionan argumentos que son la ciencia misma.

¿Qué hacen los idea1istas para demostrarnos que tienen razón? Discuten sobre palabras,

hacen grandes discursos, escriben numerosas páginas.

Supongamos por un instante que tuvieran razón. Si el mundo no existe más que en nuestro

pensamiento, ¿entonces el mundo no ha existido antes que los hombres? Sabemos que esto es falso,

porque la ciencia nos demuestra que el hombre ha aparecido muy tardíamente sobre la tierra. Ciertos

idealistas nos dirán entonces que antes del hombre había los animales y que podía alojarse en ellos

el pensamiento. Pero sabemos que antes de los animales existía una tierra inhabitable sobre la cual

no era posible ninguna vida orgánica. Otros nos dirán que incluso si sólo existía el sistema solar sin

que existiera el hombre, de todos modos el pensamiento, el espíritu, existían en Dios. De este modo

llegamos a la forma suprema del idealismo. Debemos elegir entre Dios y la ciencia. El idealismo no

puede sostenerse sin Dios y Dios no puede existir sin el ídealismo.

He aquí, pues, cómo plantear exactamente el problema del idealismo y del materialismo:

¿Quién tiene razón? ¿Dios o la ciencia?

Dios es un puro espíritu creador de la materia: una afirmación sin prueba.

La ciencia va a demostramos, mediante la práctica y la experiencia, que el mundo es una

realidad objetiva, y va a permitimos responder a la pregunta:

III. ¿ES VERDAD QUE SON NUESTRAS IDEAS LAS QUE CREAN LAS COSAS?

Tomemos, por ejemplo, un ómnibus que pasa en el momento en que atravesamos la calzada

en compañía de un idealista con el cual discutimos para saber si las cosas tienen una realidad

objetiva o subjetiva y si es cierto que son nuestras ideas las que crean las cosas. No cabe duda de

que si no queremos ser aplastados, pondremos mucha atención. Por consiguiente, en la práctica el

idealista está obligado a reconocer la existencia del ómnibus. Para él, prácticamente, no hay

diferencia entre un ómnibus objetivo y un ómnibus subjetivo, y esto es tan justo que la práctica

proporciona la prueba de que los idealistas, en la vida, son materialistas.

A este respecto, podríamos citar numerosos ejemplos en que veríamos que los filósofos

idealistas y aquellos que sostienen esta filosofía, no desdeñan ciertas bajezas “objetivas” para

obtener lo que para ellos no es más que realidad subjetiva…

Es por eso, además, que ya no se ve a nadie afirmar, como Berkeley, que el mundo no

existe. Los argumentos son mucho más sútiles y disimulados. (Consulten, como ejemplo de la

manera en que argumentan los idealistas, el capítulo titulado “El descubrimiento de los elementos

del mundo”, en el libro de Lenin Materialismo y Empiriocriticismo.)

Por consiguiente, “el criterio de la práctica” -según el término de Lenin- es el que nos

permitirá confundir a los idealistas.

Por otra parte, éstos no dejarán de decir que la teoría y la práctica no son lo mismo, que son

dos cosas completamente diferentes. Esto no es cierto. Únicamente la práctica nos demostrará,

mediante la experiencia, si una concepción es justa o falsa.

El ejemplo del ómnibus demuestra que el mundo tiene, pues, una realidad objetiva, y que no

es una ilusión creada por nuestro espíritu.

Nos falta ver ahora -dado que la teoría del inmaterialismo de Berkeley no puede sostenerse

ante las ciencias ni resistir al criterio de la práctica- si, como afirman todas las conclusiones de los

filósofos idealistas, de las religiones y de las teologías, el espíritu crea la materia.

IV. ¿ES VERDAD QUE EL ESPÍRITU CREA LA MATERIA?

Tal como lo hemos visto antes, para los idealistas el espíritu tiene su forma suprema en

Dios. Él es la respuesta final, la conclusión de su teoría, y es por eso que el problema espíritumateria

se plantea en último análisis (para saber si tiene razón el idealista o el materialista), bajo la

forma del problema: “Dios o la ciencia”.

Los idealistas afirman que Dios ha existido desde toda la eternidad y que, no habiendo

experimentado ningún cambio, es siempre el mismo. Es el espíritu puro, para el cual no existen ni el

tiempo ni el espacio. Es el creador de la materia.

Para sostener su afirmación de Dios, tampoco aquí presentan los idealistas ningún

argumento.

Para defender al creador de la materia han recurrido a un montón de misterios que un

espíritu científico no puede aceptar.

Al remontarse a los orígenes de la ciencia y observar que los hombres primitivos forjaron en

su espíritu la idea de Dios instintivamente y a causa de su gran ignorancia, se comprueba que los

idealistas del siglo XX continúan ignorando, como los primeros hombres, todo lo que un trabajo

paciente y perseverante ha permitido conocer. Porque al fin de cuentas, Dios, para los idealistas, no

puede explicarse, y sigue siendo para ellos una creencia sin ninguna prueba. Cuando los idealistas

quieren “probarnos” la necesidad de una creación del mundo diciendo que la materia no ha podido

existir siempre; que necesariamente ha debido tener un nacimiento, recurren a un Dios, el cual, por

su parte, nunca tuvo comienzo. ¿Acaso resulta más clara esta explicación?

Por el contrario, para sostener sus argumentos los materialistas se servirán de la ciencia, que

los hombres han desarrollado a medida que hacían retroceder “los límites de su ignorancia”.

Ahora bien: ¿la ciencia nos permite pensar que el espíritu haya creado la materia? No.

La idea de una creación por un espíritu puro es incomprensible, porque no conocemos nada

semejante en la experiencia. Para que esto fuera posible, hubiera sido necesario, como dicen los

idealistas, que el espíritu existiera solo, antes que la materia, mientras que la ciencia nos demuestra

que esto no es posible y que jamás hubo espíritu sin materia. Por el contrario, el espíritu está

siempre unido a la materia, y en particular comprobamos que el espíritu del hombre está unido al

cerebro, que es la fuente de nuestras ideas y de nuestro pensamiento. La ciencia no nos permite

concebir que las ideas existan en el vacío…

Por lo tanto, para que el espíritu-Dios pudiera existir sería necesario que tuviera un cerebro.

Por eso podemos decir que no es Dios quien ha creado la materia y por lo tanto el hombre, sino que

es la materia, bajo la forma del cerebro humano, la que ha creado al espíritu-Dios.

Más adelante veremos si la ciencia nos da la posibilidad de creer en un Dios o en algo sobre

lo cual el tiempo no tuviera efecto y para quien el espacio, el movimiento y el cambio no existieran.

Desde ya podemos llegar a una conclusión. En su respuesta al problema fundamental de la

filosofía:

V. LOS MATERIALISTAS TIENEN RAZÓN Y LA CIENCIA PRUEBA SUS AFIRMACIONES

Los materialistas tienen razón al afirmar:

1. Contra el idealismo de Berkeley y contra los filósofos que se ocultan tras su

inmaterialismo: que el mundo y las cosas, por una parte, existen fuera de nuestro

pensamiento y no tienen necesidad de nuestro pensamiento para existir; por otra parte,

que no son nuestras ideas las que crean las cosas sino que, por el contrario, son las cosas

que nos dan nuestras ideas.

2. Contra todas las filosofías idealistas, porque sus conclusiones conducen a afirmar la

creación de la materia por el espíritu, o sea, en última instancia, a afirmar la existencia de

Dios y a sostener las teologías, los materialistas, apoyándose en las ciencias, afirman y

prueban que es la materia la que crea el espíritu y que no necesitan la “hipótesis-Dios”

para explicar la creación de la materia.

Observación. - Debemos prestar atención a la manera en que los idealistas plantean los

problemas. Nos afirman que Dios ha creado al hombre cuando ya hemos visto que es el hombre el

que ha creado a Dios. Por otra parte, afirman también que es el espíritu el que ha creado la materia,

cuando vemos que en verdad es exactamente lo contrario. Debemos destacar esta manera de invertir

las perspectivas.

LECTURAS

Lenin, Materialismo y Empiriocriticismo, pág. 71: “¿Existía la naturaleza antes que el

hombre?”; p. 85 a 89: “¿Piensa el hombre con el cerebro?” Ediciones en Lenguas Extranjeras,

Moscú.

Engels, Ludwig Feuerbach, “Idealismo y Materialismo”.

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2 comentarios

  1. El material que estoy obteniendo aqui, será de gran ayuda en mi sindicato, el formarnos es un requisito fundamental para tener clara las cosas.

  2. que este libor es el mejor ade la comunidad dde los idelaiostas


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